La ciudad parece que de un modo me esté diciendo adiós. Estoy
sentada en la torre Halbo, con los barrotes pegados a mi cara. Hay miles de
luces, como luciérnagas, en todas partes. Todas las luces de las casas están
encendidas. Es algo impresionante. Es como si las estrellas hubiesen bajado del
cielo.
Esto es lo único que me queda. Estrellas en la tierra. Sólo
quedan unas horas para la elección. Unas horas para desaparecer para siempre.
No pienso llorar, no lo haré.
Me viene una canción a la cabeza, una canción que escuché
una vez que estaba agazapada en un callejón mientras lloraba, y que nunca
olvidaré. Una canción sobre estrellas.
Y canto.
Hacia el bosque corrí y allí me oculté.
Entre los árboles y las espinas
me quedé dormida y lloré.
Lloré por todos mi amor caído.
Por la sangre de mi familia derramada.
Por mi alma quebrada.
Entre lagunas de lágrimas desperté y miré al cielo.
Las estrellas me observaban.
Y bajaron del cielo.
Sanaron mi alma rota y me tendieron una mano; que yo cogí.
Me llevaron con ellas, a lo alto, el cielo, y ya no sentí dolor.
Mi alma quebrada brilló, finalmente libre, y se convirtió en una
estrella en el infinito.
Las estrellas han bajado del cielo. Puede que para sanar mi
alma quebrada. Puede que para llevarme con ellas a cielo. Así no sentiré nunca
más dolor.
Aparto la cara de los barrotes. Algún día las estrellas
bajaran de nuevo y me llevarán con ellas. Pero no hoy. Todavía hay unas cuantas
cosas que tengo que hacer.
Ya ha amanecido, pero yo sigo en la torre. Ya se escucha el
jaleo de la ciudad por el evento. Antes de que el sol saliera llegaron los
camiones. Cinco, para ser exactos. Dentro de poco yo estaré en uno de ellos.
Ya es la hora.
Me levanto y miro la ciudad una última vez. Lo memorizo todo. Cada casa, cada calle, cada
árbol, cada edificio.
-Adiós.-susurro, y sé que éste adiós es para siempre.
Bajo de la torre con la panorámica de la ciudad todavía en
mi cabeza. Esto es todo lo que me queda ahora: un recuerdo.
Comienzo a andar.
Vislumbro la plaza. Tan lejos pero a la vez tan cerca. Me encaramo
a un muro y me subo. Voy subiendo balcones y llego a la plaza. No se ve nada.
Sólo se ve miles de puntos. Puntos, personas. Todos los puntos enfrente de la
plataforma. Los camiones detrás de cada placa. Las familias de los elegidos en
el lado izquierdo. Cada elegido con su familia. Pero a la quinta familia le
falta su elegido. Yo. No pienso ponerme junto a ellos, no pienso estar ahí de
pie como si ellos fuesen mi familia. Ya no lo son.
Nunca más.
Me siento en el muro. Los guardianes ya han salido. Cinco
hombres esperan en la escalera a que sus elegidos aparezcan, vestidos con sus
trajes grises. Uno de ellos me descubre mirándoles. Podrá tener unos cincuenta
años o así, tiene el pelo gris, es alto y extrañamente delgado. Me mira con
extrañeza, pero de repente me sonríe. Yo le miro extrañada también y sonrío un
poco. El guardia aparta la vista y vuelve a su sitio.
Que cosa más rara.
Centro la mirada en las familias. Una de ellas me llama la
atención.
La primera familia
está compuesta por seis miembros: un hombre mayor abrazando a su mujer por detrás,
la mujer sujeta un niño pequeño en sus brazos. Dos chicos gemelos, uno chico y
otra chica, están a ambos lados de un joven. Debe de haber estado entrenando
durante años ya que los músculos bien formados se les notan bastante a través
de la camiseta negra, es bastante alto y además es guapo. Tiene el pelo dorado
oscuro, y unos ojos azules preciosos. Pero no es eso lo que me llama la
atención. Es su rostro. Su rostro lleno de miedo y de tristeza. Tiene la mirada
cansada, apagada, como si llevase días sin dormir, y no deja de mirar a los
gemelos que tiene cogidos de las manos. Los
chicos se esconden detrás de sus piernas como si fuesen una muralla. Para tener pinta de ser un tío duro
rompecorazones parece que está a punto de llorar.
Esto es lo que los Superiores hacen. Te arrebatan todo lo
que tienes. Y si no tienes nada, se llevarán lo único que te hace ser fuerte. El
alma.
La plaza entera se queda en silencio. Me enderezo. De un
altavoz aparece una voz, que resuena en lo más dentro de mi cabeza.
-Bienvenidos, otro año más, a la Elección. Los Superiores
este año han sido muy específicos con las familias, cada una es una parte muy
importante en este nueva Elección. Agradecemos su aportación. Dicho esto,
procedamos con el revelamiento de los nombres.
Su aportación. Ni que fuésemos comida.
El primer guardián sube a la plataforma y se coloca delante
de la placa. Hace una pausa y coloca la mano encima de la placa. Desde aquí
puedo ver perfectamente el resplandor de la placa, un solo segundo, y entonces
aparece el nombre.
Dainel.
Un sollozo rompe el silencio. La mujer, que antes estaba
abrazada por su marido, está de rodillas en el suelo y ahora su marido está a
su lado, también de rodillas, abrazándola más fuerte intentando contener los
sollozos. Los gemelos se agarran a las piernas de Dainel y él les pone las
manos encima de la cabeza. Los chicos se sueltan y todos se arrodillan en el
suelo. El hombre abraza a su hijo y le susurra cosas en el oído que hace
partirse en dos. Dainel besa la cabeza del bebé que está en los brazos de su
madre y pasa los brazos por el cuello de esta. Los gemelos se unen al abrazo y su
padre le sigue. Y así se quedan, seis almas sollozando, hasta que se apartan y
Dainel se levanta y se va sin mirar atrás. Llega a la plataforma y sube las
escaleras. Está destrozado. Tiene los ojos rojos, está intentado contener las
lágrimas, pero al final un torrente cae por sus mejillas. El guardián pone la
mano encima de su hombro y sonríe. Pero él no le devuelve la sonrisa.
El siguiente guardia sube las escaleras y se sitúa enfrente
de la siguiente placa. La placa resplandece y aparece el nombre.
Kalh.
La siguiente familia está compuesta únicamente por un joven y
sus padres. Se abrazan y la madre llora. El chico le pasa la mano por la
mejilla y la besa en la frente. Una chica aparece corriendo y le besa. Él la
envuelve en sus brazos y la besa miles de veces. Susurra cosas y ella ríe a
pesar de las lágrimas. Se vuelven a abrazar y se va. El chico sube decidido a la plataforma. Tiene
el pelo negro como el carbón, al igual que sus ojos, y está completamente
bronceado. Pero a pesar la calidez de su cuerpo, su mirada es fría y llena de
tristeza. No deja de mirar a la chica. Y ella cae al suelo de rodillas.
El siguiente guardia toca la placa y otro nombre.
Adbam.
Un nuevo sollozo. Más abrazos. Un nuevo chico que llega a la
plataforma.
Otro guardián. Otra placa. Otro nombre. Yehg. Más gritos.
Otra familia que se abraza. Más besos. Más lágrimas que se derraman por la
tierra.
Y el último guardián sube. Para mi sorpresa, es el tío que
antes me sonrió.
¿Preparada?
El guardián se coloca delante de la última placa y coloca la
mano.
Siempre.
El resplandor aparece, acompañado de un último nombre.
Mi nombre.
Si antes había silencio, ahora hay más que silencio. Rostros
petrificados. Un nombre de chica. Sí, es un nombre de chica. Es mi nombre. Y
está en la Elección. Esto es historia. El guardián se queda mirando el nombre y
desde aquí puedo verle la cara. No puede creerse lo que ve.
Toda la ciudad vuelve la vista hacia mi familia, que están mirándose
entre sí. Todos tienen cara interrogativa. Nadie sabe dónde está la chica. No
se encuentra con su familia. Entonces, ¿dónde está?
-
Estoy aquí.
Bajo del muro. Y poco a poco se van echando hacia atrás,
dejando un camino. Les miro antes de empezar a caminar. Todos son rostros
conocidos. Recorro el camino con paso decidido. Todos me miran, incluso mi
familia. Sonrío. El camino se acaba y llego. Mis padres y mi hermano me miran,
expectantes, esperando a que me una a ellos. No va a pasar eso, imbéciles. Paso
delante de ellos sin mirarles y camino hacia la plataforma. Pero antes de pasar
la última familia me paro.
¿De verdad vas a irte
así? Déjales un recuerdo que tengan para siempre en la memoria.
Me doy la vuelta. Mi familia sigue mirándome. Mi madre pone su cara
hago-como-que-me-importa-mi-hija y sonríe. Nada de eso. Les miro, sonríe
radiantemente y levanto el dedo corazón. Mi madre deja de sonreír.
-
Pudrirse en el infierno, cabrones.
Sus rostros se descomponen y me doy la vuelta. Así
recordarán, día tras día, lo que le hicieron a su hija.
Por primera vez en mi vida subo a la plataforma. Los
guardianes y los elegidos me miran. Pero sonríen. Me pongo delante de mi
guardia y él se queda mirándome. Sonríe y se acerca a mí.
-
Tengo la sensación de que vas a dar mucha
guerra, cariño. –susurra.
Sonrío.
Si tú supieras…
La voz resuena de nuevo:
-
Y estos son los Elegidos de este año.
Noto un golpe en mi hombro y mi guardián me empuja
suavemente para que baje las escaleras. Subimos al camión y no miro atrás.
Las puertas se cierran, dejándome encerrada dentro del
camión de metal y noto la mirada sarcástica del guardián. No dice nada, solo me
mira.
El camión arranca y empieza a moverse. Algo en mi estómago
se retuerce.
Voy a salir de aquí. Estoy
saliendo de aquí. Todo lo que he estado imaginando durante años se está
haciendo realidad.
Esto es sólo el principio de mi libertad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario