martes, 3 de diciembre de 2013

6.

- Palham. Ese es mi nombre.- dice mi guardián sonriente. – Y, pequeña guerrera, tu nombre hará historia. Créeme.
Saboreo cada palabra. Yo. Historia. No suena tan mal.
-          Lo que has hecho en la Elección ha sido increíble. Y el corte de manga… -ríe y echa la cabeza hacia atrás – Esa imagen va a perdurar durante siglos, pequeña guerrera.
Ellos se merecen eso y más. Por todo lo que han hecho, por todo lo que me han hecho.
-          Si creían que iba a abrazarles y a llorar por ellos la llevaban claro.- digo y miro la puerta de metal.
Palham se echa hacia delante y apoya los codos en las rodillas. Me mira intensamente, tiene algo raro en la mirada. Algo como… tristeza.  Así se lleva largo rato. Y yo no sé qué hacer. 
-          Tú no deberías haber estado en esa placa. –dice al fin. Niega con la cabeza y vuelve a mirarme a los ojos.- Tú no ibas a ser la Elegida. Tenía que ser tu hermano, no tú.
-          Cuéntame algo que no sepa. -digo poniendo los ojos en blanco.
Ojala alguien hubiera dicho eso cuando mi nombre apareció en la placa, ojala alguien hubiera gritado y no me hubiera dejado marchar. Pero nadie dijo nada, nadie grito ni lloró. Sólo se quedaron mirando cómo me monté en el camión para desaparecer para siempre.
Te quedarás sola en la oscuridad y nadie te recordará. 
- Escúchame atentamente, pequeña guerrera, olvida toda tu vida en la ciudad porque esto no va a ser ni la mitad de peligroso. Intentarán encontrar tu punto débil y si lo encuentran estás muerta. Si te pegan, por muy doloroso que haya sido el golpe, te levantas. –tiene la cara tan seria que creo cada una de sus palabras.- En Oslihum hay gente muy peligrosa y estarán observándote. Cada movimiento, cada cara que pongas, cada palabra que digas, todo. Nunca, jamás –resalta cada palabra- ha habido una chica. Nunca ha habido una Elegida. El mundo entero estará mirándote. Querrá saber todo sobre la Elegida. Todos hablarán de la Elegida. De ti. – Pone una mano sobre mi rodilla y aprieta mi mano.- No tienes que tener miedo. Yo sé que no eres una simple chica estúpida de ciudad. Eres especial. Lo supe desde el momento que te vi subida en aquel muro. Vas a hacer grandes cosas, Isia. Lo sé.  
Palham me mira aprieta la mano una vez más y se recuesta en su asiento.
-          Va a ser un viaje largo, así que te sugiero que te acomodes. –dice y mira hacia el teco.
Yo no me muevo. Sólo observo. Y reproduzco en mi cabeza cada palabra. Vas a hacer grandes cosas, Isia. Ojalá tenga razón.
-          No saben lo que te han hecho –susurra cuando cierra los ojos.
Un escalofrío me traspasa la espalda. Eso no suena nada bien. Siento miedo, un frío miedo. Y me abrazo las piernas. No te va a pasar nada. No importa que estés sola, eres fuerte. Eres más fuerte que ellos.
Eres el Ángel de las Sombras, Isia.
Sonrío y apoyo la cabeza contra la pared de metal.
Todo va a ir bien. En una esquina de mi cabeza un susurro me dice que no.

No sé cuánto tiempo llevaremos. Ni dónde estamos. Pero no he podido dormir. No consigo cerrar los ojos. Palham sigue dormido en la misma posición. No se ha movido desde entonces. Yo no sé qué hacer. Intento pensar pero no sé en qué. Mi cabeza es un caos ahora mismo.
En el camión no hay ventanas, ni ninguna abertura, así que no tengo ningún lugar por el que ver lo que hay afuera. Me estoy poniendo nerviosa. Estoy encerrada en un camión sin saber a dónde voy, sin saber qué van a hacer conmigo, completamente desarmada y con un tío que ronca enfrente de mí. Valla plan.
Respiro y cierro los ojos, apoyando la cabeza en la pared. El recuerdo desde la torre Halbo aparece en mi cabeza. La ciudad. ¿Cómo estará en este momento? ¿Qué estarán haciendo todos? ¿Qué hay de las familias de los demás Elegidos? ¿De mi familia? No, ellos ya no son tu familia. Nunca más.
¿Seguirá la ciudad su curso?
 Nadie estará echándote de menos.  
Lo sé.
De repente alguien golpe la pared y me levanto de un salto. Palham se despierta y me sonríe. El camión ha parado.
-          Ya hemos llegado, pequeña guerrera.
Las puertas del camión se abren y unos guardias aparecen, vestidos con sus caparazones negros. Palham me hace una señal con los brazos y bajo primera. Los guardias se quedan de piedra mirándome y miran a Palham, que asiente. Vuelven a mirarme y se apartan.
No puedo creer lo que veo.
¿Qué es esto? No es nada comparado con la ciudad, ni nada que se le asemeje. Parece un palacio, pero al mismo tiempo no lo parece. Es una  construcción gigantesca de color marfil. Hay plantas y plantas apiladas de forma angular y puestas estratégicamente para que parezca un monumento. Incluso hay desniveles. Es increíble. Puede ser más grande que la ciudad entera. Incluso más grande que la ciudad sumaba con los alrededores.
 Una reja de oro me da la bienvenida. Con la misma reja hay dibujados en ella unos especies de dibujos llenos de líneas y círculos que acaban en el círculo que hay en lo alto, a la mitad de la puerta.  Y dentro del círculo, una pirámide de oro. El signo de los Superiores.
Palham me agarra del brazo y me hace avanzar. Hasta llegar a la puerta hay un gran camino hecho con unas especies de flores. Flores en un camino. ¿Qué demonios es esto?  Piso una flor y levanto el pie esperando ver una flor espachurra. Pero está intacta.
-          Ni siquiera las flores son iguales a las de la ciudad.- dice Palham, que me observa divertido.
Miro una última vez la flor y empiezo a caminar por el camino sin dejar de mirar a todos lados. Una especie de bosque se extiende alrededor del extraño edificio. Es un bosque extraño. Los árboles son extraños. Sus hojas son… doradas. Mi boca cae. Hojas doradas. Árboles dorados. ¿Dónde estoy?
-          Isia eres la última. No deberías tardar más.- me reprende Palham.
Y entramos por la gigantesca puerta dorada. En el interior hay una gran sala. Tan grande como la misma plaza. Hay extrañas decoraciones por las paredes. En medio de la habitación hay muchas sillas doradas, apiladas de forma pulcra, y en frente hay una gran plataforma.  La habitación está llena de tíos, sólo chicos. Todos me miran.  
La gigante habitación se ha quedado en silencio mientras todos los ojos están puestos en mí. Escucho la risa de Palham tras mi espalda. Se acerca y me susurra:
-          Te dije que todo el mundo estaría observándote. Además, -añade- una chica tan increíble como tú en una habitación llena de jóvenes con las hormonas revolucionadas ocasiona problemas como éste.
No puedo evitar reírme. Mi risa resuena en toda la habitación. Esto va a ser divertido. Una sola chica en un edificio sólo de chicos.
Los guardianes, que antes estaban al lado de la plataforma en silencio, se acercan a sus Elegidos y es obligan a sentarse. Hago lo mismo que ellos antes de que mi guardián me diga nada. Los tíos se sientan, pero sin dejar de observándome. Me siento en el sitio que queda. En la esquina del todo de la última fila. A mi lado tengo un chico muy alto, con el cabello largo de color cobre, tiene una cicatriz que le cruza desde la mejilla derecha hasta el labio. Me mira de refilón. Imbécil.
La puerta grande de color negro que hay en la izquierda se abre y un grupo de hombres entra.
No, por favor, más hombres no. Esto es deprimente.
Un grupo de caparazones se queda rodeando la plataforma, protegiéndola. Un grupo disminuido de hombres muy arreglados sube. Se colocan todos en fila. Mi corazón se para. Le veo. Está mirando a los Elegidos, uno a uno. Va vestido con una camiseta blanca y una chaqueta negra remangada metódicamente hasta el codo y unos pantalones negros. De repente atrapa mi mirada.  Y su cara se deforma. Se queda paralizado y su boca se abre. Frunce el ceño, cómo si no entendiese. Y ahí está, aparece como un flash y se va del mismo modo, miedo.
Noah.
Uno de los hombres, vestido de traje se pone en medio de la plataforma y habla:
-          Bienvenidos, Elegidos, al Santuario. Este será vuestro hogar ahora. – Noah sigue mirándome con el rostro descompuesto- Todo sobre vuestra vida pasada debe ser olvidado. Esto, el ahora, es una nueva vida.  Y habéis renacido. Esto es un nuevo mundo, vosotros lo conoceréis y el mundo os conocerá. Vuestros guardianes ahora serán vuestra familia. Y los demás Elegidos serán vuestros hermanos. Aprenderéis a vivir aquí, y si lo hacéis bien seréis recompensados. Pero si lo hacéis mal… –el hombre se calla, para darle una tensión teatral. Valla gilipollez. - Todo error tiene su castigo.
Se hace el silencio en la sala y el hombre tras aplaudirse a sí mismo, vuelve a la fila. Noah se mueve y se coloca en medio de la plataforma.
-          Muy bien, chicos – me mira y se para- Mi nombre es Jark y así será como me llamaréis. Si queréis sobrevivir tendréis que intentar seguirme el ritmo, y no es fácil. –sonríe de medio lado – Si pensabais que ser Elegido implicaba no hacer nada y estar todo el día tirado lo lleváis claro. Mañana empieza los entrenamientos, conmigo, os lo pasaréis bien. Prepararse. Hay entrenamientos todos los días y muchas veces. Así que si soy unos completos vagos, iros aplicando la idea de que aquí los vagos solo tienen un futuro y no es bonito, creedme.
Noah se retira y vuelve a la fila. Tras unas palabras más de uno de los tíos dándonos las gracias por nuestra presencia se van. Ni que tuviésemos otra opción para estar aquí.
El ruido vuelve a la habitación en cuanto los hombres atraviesan la puerta negra. No despego la vista de la espalda de Noah hasta que desaparece.
Alguien me toca el hombro y me doy la vuelta. El chico de la cicatriz. Ahora que lo veo de frente me da la impresión de que está colocado, al menos tiene cara de estarlo. Tiene una sonrisa estúpida de me-creo-guay-por-tener-una-cicatriz y me mira de forma rara.
-          ¿Qué se le ha perdido a una chica tan guapa como tú en un sitio como este? – fantástico. También tiene voz de borracho.
¿Se supone que eso es un flirteo? Porque si lo es este tío se merece un buen puñetazo que le arregle la cara.
-          ¿Qué se te ha perdido a ti, guapo? –pregunto de forma brusca- Ah, déjame adivinar, el cerebro. –chasqueo la lengua y sonrío- Deberías buscarlo, pareces estúpido sin él.
Me levanto de la silla y me acerco a Palham, que se ríe. Escucho muchas risas a mis espaldas.
-          ¿Puedes sacarme de aquí? Estar cerca de tantos tíos estúpidos me está poniendo mala. – Asiente y me agarra del brazo y me lleva a la misma puerta por la que antes Noah pasó.

Recuerdo la promesa que me hizo.  Y sonrío. Tenía razón. 

3 comentarios:

  1. Porfaaa haz otro capitulooooo prontoooo

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    1. Ya está el siguiente. Siento haber tardado tanto, es que no sé. Mi cerebro murió y las ganas de escribir también. Pero ya han vuelto. gracias

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