- Palham. Ese es mi nombre.- dice mi guardián sonriente. –
Y, pequeña guerrera, tu nombre hará historia. Créeme.
Saboreo cada palabra. Yo. Historia. No suena tan mal.
-
Lo que has hecho en la Elección ha sido
increíble. Y el corte de manga… -ríe y echa la cabeza hacia atrás – Esa imagen
va a perdurar durante siglos, pequeña guerrera.
Ellos se merecen eso y más. Por todo lo que han hecho, por
todo lo que me han hecho.
-
Si creían que iba a abrazarles y a llorar por
ellos la llevaban claro.- digo y miro la puerta de metal.
Palham se echa hacia delante y apoya los codos en las
rodillas. Me mira intensamente, tiene algo raro en la mirada. Algo como…
tristeza. Así se lleva largo rato. Y yo
no sé qué hacer.
-
Tú no deberías haber estado en esa placa. –dice al
fin. Niega con la cabeza y vuelve a mirarme a los ojos.- Tú no ibas a ser la
Elegida. Tenía que ser tu hermano, no tú.
-
Cuéntame algo que no sepa. -digo poniendo los
ojos en blanco.
Ojala alguien hubiera dicho eso cuando mi nombre apareció en
la placa, ojala alguien hubiera gritado y no me hubiera dejado marchar. Pero
nadie dijo nada, nadie grito ni lloró. Sólo se quedaron mirando cómo me monté
en el camión para desaparecer para siempre.
Te
quedarás sola en la oscuridad y nadie te recordará.
- Escúchame atentamente, pequeña guerrera, olvida toda tu
vida en la ciudad porque esto no va a ser ni la mitad de peligroso. Intentarán
encontrar tu punto débil y si lo encuentran estás muerta. Si te pegan, por muy
doloroso que haya sido el golpe, te levantas. –tiene la cara tan seria que creo
cada una de sus palabras.- En Oslihum hay gente muy peligrosa y estarán
observándote. Cada movimiento, cada cara que pongas, cada palabra que digas,
todo. Nunca, jamás –resalta cada palabra- ha habido una chica. Nunca ha habido
una Elegida. El mundo entero estará mirándote. Querrá saber todo sobre la
Elegida. Todos hablarán de la Elegida. De ti. – Pone una mano sobre mi rodilla
y aprieta mi mano.- No tienes que tener miedo. Yo sé que no eres una simple
chica estúpida de ciudad. Eres especial. Lo supe desde el momento que te vi
subida en aquel muro. Vas a hacer grandes cosas, Isia. Lo sé.
Palham me mira aprieta la mano una vez más y se recuesta en
su asiento.
-
Va a ser un viaje largo, así que te sugiero que
te acomodes. –dice y mira hacia el teco.
Yo no me muevo. Sólo observo. Y reproduzco en mi cabeza cada
palabra. Vas a hacer grandes cosas, Isia. Ojalá tenga razón.
-
No saben lo que te han hecho –susurra cuando
cierra los ojos.
Un escalofrío me traspasa la espalda. Eso no suena nada
bien. Siento miedo, un frío miedo. Y me abrazo las piernas. No te va a pasar
nada. No importa que estés sola, eres fuerte. Eres más fuerte que ellos.
Eres el Ángel de las Sombras, Isia.
Sonrío y apoyo la cabeza contra la pared de metal.
Todo va a ir bien. En una esquina de mi cabeza un susurro me
dice que no.
No sé cuánto tiempo llevaremos. Ni dónde estamos. Pero no he
podido dormir. No consigo cerrar los ojos. Palham sigue dormido en la misma
posición. No se ha movido desde entonces. Yo no sé qué hacer. Intento pensar
pero no sé en qué. Mi cabeza es un caos ahora mismo.
En el camión no hay ventanas, ni ninguna abertura, así que
no tengo ningún lugar por el que ver lo que hay afuera. Me estoy poniendo
nerviosa. Estoy encerrada en un camión sin saber a dónde voy, sin saber qué van
a hacer conmigo, completamente desarmada y con un tío que ronca enfrente de mí.
Valla plan.
Respiro y cierro los ojos, apoyando la cabeza en la pared.
El recuerdo desde la torre Halbo aparece en mi cabeza. La ciudad. ¿Cómo estará
en este momento? ¿Qué estarán haciendo todos? ¿Qué hay de las familias de los
demás Elegidos? ¿De mi familia? No, ellos ya no son tu familia. Nunca más.
¿Seguirá la ciudad su curso?
Nadie estará echándote de menos.
Lo sé.
De repente alguien golpe la pared y me levanto de un salto.
Palham se despierta y me sonríe. El camión ha parado.
-
Ya hemos llegado, pequeña guerrera.
Las puertas del camión se abren y unos guardias aparecen,
vestidos con sus caparazones negros. Palham me hace una señal con los brazos y
bajo primera. Los guardias se quedan de piedra mirándome y miran a Palham, que
asiente. Vuelven a mirarme y se apartan.
No puedo creer lo que veo.
¿Qué es esto? No es nada comparado con la ciudad, ni nada
que se le asemeje. Parece un palacio, pero al mismo tiempo no lo parece. Es
una construcción gigantesca de color
marfil. Hay plantas y plantas apiladas de forma angular y puestas estratégicamente
para que parezca un monumento. Incluso hay desniveles. Es increíble. Puede ser
más grande que la ciudad entera. Incluso más grande que la ciudad sumaba con
los alrededores.
Una reja de oro me da
la bienvenida. Con la misma reja hay dibujados en ella unos especies de dibujos
llenos de líneas y círculos que acaban en el círculo que hay en lo alto, a la
mitad de la puerta. Y dentro del
círculo, una pirámide de oro. El signo de los Superiores.
Palham me agarra del brazo y me hace avanzar. Hasta llegar a
la puerta hay un gran camino hecho con unas especies de flores. Flores en un
camino. ¿Qué demonios es esto? Piso una
flor y levanto el pie esperando ver una flor espachurra. Pero está intacta.
-
Ni siquiera las flores son iguales a las de la
ciudad.- dice Palham, que me observa divertido.
Miro una última vez la flor y empiezo a caminar por el
camino sin dejar de mirar a todos lados. Una especie de bosque se extiende alrededor
del extraño edificio. Es un bosque extraño. Los árboles son extraños. Sus hojas
son… doradas. Mi boca cae. Hojas doradas. Árboles dorados. ¿Dónde estoy?
-
Isia eres la última. No deberías tardar más.- me
reprende Palham.
Y entramos por la gigantesca puerta dorada. En el interior
hay una gran sala. Tan grande como la misma plaza. Hay extrañas decoraciones
por las paredes. En medio de la habitación hay muchas sillas doradas, apiladas
de forma pulcra, y en frente hay una gran plataforma. La habitación está llena de tíos, sólo
chicos. Todos me miran.
La gigante habitación se ha quedado en silencio mientras todos
los ojos están puestos en mí. Escucho la risa de Palham tras mi espalda. Se
acerca y me susurra:
-
Te dije que todo el mundo estaría observándote.
Además, -añade- una chica tan increíble como tú en una habitación llena de
jóvenes con las hormonas revolucionadas ocasiona problemas como éste.
No puedo evitar reírme. Mi risa resuena en toda la
habitación. Esto va a ser divertido. Una sola chica en un edificio sólo de
chicos.
Los guardianes, que antes estaban al lado de la plataforma
en silencio, se acercan a sus Elegidos y es obligan a sentarse. Hago lo mismo
que ellos antes de que mi guardián me diga nada. Los tíos se sientan, pero sin
dejar de observándome. Me siento en el sitio que queda. En la esquina del todo
de la última fila. A mi lado tengo un chico muy alto, con el cabello largo de
color cobre, tiene una cicatriz que le cruza desde la mejilla derecha hasta el
labio. Me mira de refilón. Imbécil.
La puerta grande de color negro que hay en la izquierda se
abre y un grupo de hombres entra.
No, por favor, más hombres no. Esto es deprimente.
Un grupo de caparazones se queda rodeando la plataforma, protegiéndola.
Un grupo disminuido de hombres muy arreglados sube. Se colocan todos en fila.
Mi corazón se para. Le veo. Está mirando a los Elegidos, uno a uno. Va vestido
con una camiseta blanca y una chaqueta negra remangada metódicamente hasta el
codo y unos pantalones negros. De repente atrapa mi mirada. Y su cara se deforma. Se queda paralizado y su
boca se abre. Frunce el ceño, cómo si no entendiese. Y ahí está, aparece como
un flash y se va del mismo modo, miedo.
Noah.
Uno de los hombres, vestido de traje se pone en medio de la
plataforma y habla:
-
Bienvenidos, Elegidos, al Santuario. Este será
vuestro hogar ahora. – Noah sigue mirándome con el rostro descompuesto- Todo
sobre vuestra vida pasada debe ser olvidado. Esto, el ahora, es una nueva vida.
Y habéis renacido. Esto es un nuevo
mundo, vosotros lo conoceréis y el mundo os conocerá. Vuestros guardianes ahora
serán vuestra familia. Y los demás Elegidos serán vuestros hermanos.
Aprenderéis a vivir aquí, y si lo hacéis bien seréis recompensados. Pero si lo
hacéis mal… –el hombre se calla, para darle una tensión teatral. Valla
gilipollez. - Todo error tiene su castigo.
Se hace el silencio en la sala y el hombre tras aplaudirse a
sí mismo, vuelve a la fila. Noah se mueve y se coloca en medio de la
plataforma.
-
Muy bien, chicos – me mira y se para- Mi nombre
es Jark y así será como me llamaréis. Si queréis sobrevivir tendréis que
intentar seguirme el ritmo, y no es fácil. –sonríe de medio lado – Si pensabais
que ser Elegido implicaba no hacer nada y estar todo el día tirado lo lleváis
claro. Mañana empieza los entrenamientos, conmigo, os lo pasaréis bien. Prepararse.
Hay entrenamientos todos los días y muchas veces. Así que si soy unos completos
vagos, iros aplicando la idea de que aquí los vagos solo tienen un futuro y no
es bonito, creedme.
Noah se retira y vuelve a la fila. Tras unas palabras más de
uno de los tíos dándonos las gracias por nuestra presencia se van. Ni que tuviésemos
otra opción para estar aquí.
El ruido vuelve a la habitación en cuanto los hombres
atraviesan la puerta negra. No despego la vista de la espalda de Noah hasta que
desaparece.
Alguien me toca el hombro y me doy la vuelta. El chico de la
cicatriz. Ahora que lo veo de frente me da la impresión de que está colocado,
al menos tiene cara de estarlo. Tiene una sonrisa estúpida de me-creo-guay-por-tener-una-cicatriz
y me mira de forma rara.
-
¿Qué se le ha perdido a una chica tan guapa como
tú en un sitio como este? – fantástico. También tiene voz de borracho.
¿Se supone que eso es un flirteo? Porque si lo es este tío
se merece un buen puñetazo que le arregle la cara.
-
¿Qué se te ha perdido a ti, guapo? –pregunto de
forma brusca- Ah, déjame adivinar, el cerebro. –chasqueo la lengua y sonrío-
Deberías buscarlo, pareces estúpido sin él.
Me levanto de la silla y me acerco a Palham, que se ríe.
Escucho muchas risas a mis espaldas.
-
¿Puedes sacarme de aquí? Estar cerca de tantos
tíos estúpidos me está poniendo mala. – Asiente y me agarra del brazo y me
lleva a la misma puerta por la que antes Noah pasó.
Recuerdo la promesa que me hizo. Y sonrío. Tenía razón.
Porfaaa haz otro capitulooooo prontoooo
ResponderEliminarYa está el siguiente. Siento haber tardado tanto, es que no sé. Mi cerebro murió y las ganas de escribir también. Pero ya han vuelto. gracias
EliminarSíguela:)
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