Han
pasado una semana y media desde que volé por los aires la plataforma
de ejecución y algo ha cambiado: la gente está cambiando. Ya no
pasan delante de los guardias con miedo sino con la cabeza alta,
empiezan a salir cuando el sol se está ocultando, se ríen a
carcajadas en las plazas sin temor alguno.
Por
alguna extraña razón ya no tienen miedo.
Y
eso es peligroso para los Superiores. Si la gente empieza a ser
valiente, no les temerán. ¿Y cómo puedes gobernar un mundo si no
hay nadie que te tema? Por eso han incrementado la seguridad. En cada
callejón hay un guardia que vigila, cuando un niño llora un guardia
aparece, si se te cae por accidente algo en medio de la calle un
guardia te agarra por detrás y te cachea para saber que es lo que
llevas encima. Parece que somos delincuentes y presos. Y esto está
empezando a parecerse a una prisión. Si antes ya controlaban tu vida
al centímetro ahora lo quieren controlar todo, lo que haces, lo que
piensas, lo que dices,... todo.
La
plataforma está volviendo a ser construida. Hace unos pocos días
grandes camiones de metal circularon las calles y se instalaron en la
plaza. Muchos guardias salieron de entre los camiones y empezaron a
recoger todos los trozos de la explosión. Horas después sacaron la
primera pieza de metal. Dentro de pocos días volverá a estar en
funcionamiento. Pero ahora algo está ocurriendo.
La
gente está pintando en las paredes ángeles. En cada rincón oscuro,
en una puerta, en una ventana incluso en algunos árboles del Bosque
Prohibido.
Un
ángel.
El
Ángel de las Sombras, le llaman.
La
persona invisible que fue capaz de pasar sin ser visto delante de los
guardias e hizo explotar en mil pedazos la plataforma.
Yo.
Por
la ciudad circula cada día la historia de que un ángel salvador que
se esconde en las sombras que protege a la ciudad. Susurran sobre la
destrucción sin miedo a que les maten por ello.
Puede
que esto sea el principio del fin. El principio de la guerra que
pondrá fin a lo que comenzó hace tantos años. Aunque la guerra
ahora parece tan lejana. A nadie se le ocurriría hacer una guerra si
es que tiene un poco de sentido común. Una guerra ahora significaría
solo una cosa. Perder. Y perder haría más fuertes a los Superiores
y a todos los que ahora controlan Oshlium.
Aunque
puede que una guerra de otra manera, en el momento exacto y con los
planes adecuados si pueda. Sólo necesitamos algo que poca gente
tiene en estos tiempos: esperanza. Pero yo la tengo.
Camino
por las calles rápidamente. Acabo de pasar por delante de unos
guardias y no han dejado de mirarme en todo momento. Imbéciles.
¿Y
si sospechan de mí?
No,
no lo hacen. Miran a todo el mundo. No te sientas especial, miran a
todos no solamente a ti. Eres una ciudadana más de los miles que
hay. No te sientas importante.
Respiro
hondo y ando más lento. Sin previo aviso un grito resuena a pocos
metros de mí.
Un
circulo de guardias y gente hay en medio de la calle. Me acerco
corriendo. Unos tres guardias agarran a la mujer que me reconoció el
día de la explosión mientras la intentan inmovilizar. Mierda. Tenía
que huir.
Alguien
con una capucha se acerca. No es normal que alguien lleve capucha
(salvo yo, claro está) Le observo. Tiene un cuchillo en la mano. Le
miro atrás de la capucha. El preso. Ah, no.
Le
agarro del brazo y tiro de él empujándole detrás de una tienda. Él
me intenta pegar puñetazos pero le agarro el brazo y le piso la
pierna.
- ¡Tranquilízate! -no para de forcejear- ¡JODER PARA! -me mira y se queda quieto.
- No lo entiendes.-susurra.- Tengo que hacerlo.-grita.
- Pues claro que lo entiendo. Si te ven, estás muerto. -me intenta pegar un puñetazo pero me agacho a tiempo- ¡Escúchame! No puedes salvarla. Y menos con eso -digo señalando al cuchillo con la cabeza. El hombre baja la cabeza- Pero yo sí. -me mira- Escucha atentamente. Tú no te vas a mover de aquí, ¿está claro? -tras algo de tiempo confuso asiente- Aunque escuches un grito, o aunque escuches diez. No te mueves. -asiente de nuevo.
- No vas a poder hacer nada.- suelta.
- Yo fui quién hizo estallar la plataforma.- me levanto y al hombre se le descompone la cara.- Ve hacia la tienda del señor Harris y escóndete detrás de las cajas que hay en la calle siguiente. Espérame allí.- me agacho, cojo el cuchillo y salgo corriendo.
En
la calle los guardias han conseguido mover a la mujer. Tengo un plan.
No sé como pero lo tengo. Me pongo la capucha y agarro el cuchillo
con todas mis fuerzas. Estás loca, Isia. Demonios si lo estoy. Esto
va a ser difícil.
Una
mujer de unos cuarenta años observa la situación al lado de la
pared. Me acerco a ella y le agarro de la cabeza poniendo el cuchillo
en su cuello. La mujer grita.
- ¡QUE NADIE SE MUEVA O LA MATO!
Los
guardias se paran y dejan en el suelo tirada a la mujer, que no para
de gemir mientras se toca las muñecas. Toda la calle me mira,
estupefacta. Perfecto.
- ¡VOSOTROS!-señalo a los guardias con el codo- ¡ALEJAROS DE AHÍ!- los guardias lentamente se alejan de la mujer mientras se dispersan por la calle. Todos están con la boca abierta, sin saber como reaccionar. Supongo que no habrán visto en su vida a alguien a punto de matar a una persona delante de guardias, a nadie cuerdo se le ocurriría eso. Menos mal que yo no lo estoy.Por hacer esto me torturarían mil veces. Que pena que no vallan a poder hacerlo.Los guardias se acercan lentamente, preparando sus armas en la espalda. Cada vez están más cerca.Que empiece el espectáculo. Empujo a la mujer contra los guardias y dos de ellos caen. El tercero corre hacia mi, me agacho esquivando la pistola y le clavo el cuchillo en la pierna. El cuchillo se hunde en la carne del guardia. Los trajes tienen una coraza en el pecho pero las piernas solo están cubiertas por los pantalones. Estúpidos.El guardia grita y saco el cuchillo. Clavarle un cuchillo no era sólo mi idea principal. Le agarro de la cintura y paso el cuchillo por sus pantalones, rompiendo la hebilla. Y caen, dejando al aire los calzoncillos blancos del guardia, que cae al suelo.Esta imagen se me quedará grabada en mi mente toda mi vida.
Corro
hacia la mujer. Le agarro de la espalda y le ayudo a levantarse, sin
tocarle los brazos.
- Vamos.
La
mujer me mira y sus lágrimas paran. De repente sonríe y me toca la
cabeza.
- Un ángel.-susurra riendo.
Levanto
la vista. Toda la calle me está mirando. Mirando al encapuchado.
Entonces
lo veo en sus rostros: esperanza.
- ¡COGEDLE! -grita de repente un guardia.
- Señora, hay que correr.
Y
corremos. Nunca pensé que la mujer podría correr tan rápido.
Corremos por la calle estrecha que está conectada con la principal.
Llegamos a la valla y la ayudo a subir. La dejamos atrás y nos
pegamos a la pared. Se escucha los ruidos que hacen las pistolas al
chocar con el caparazón. Esperamos y los ruidos se van. Corremos. La
trampilla está cerca. Solo unos pasos más. Solo unos pasos.
- ¡Alto!
Mierda.
La mujer se para y yo me voy la vuelta. El guardia está mirándome,
preparado para luchar. No puedo evitar reírme. Es el guardia al que
le patee el culo el otro día. Siempre habrá tiempo para repetirlo.
Me
acerco hacia él y me echo a un lado esquivando su patata. Demasiado
fácil. Le agarro la pierna antes de que la baje y tiro de ella hacia
mí. Antes de que choque conmigo le pego una patada en el estómago y
cae al suelo. Le cojo la pistola y se la pongo en el cuello.
- Te hace comer suelo una tía y un encapuchado te restriega por él. Tienes un serio problema con el suelo, muchacho.
Le
pego fuerte con la pistola y se queda en el suelo. Necesitamos tiempo
para escapar.
Agarro
a la mujer del brazo, que está mirándome sonriente y corremos. Sólo
unos pasos más.
La
trampilla. La abro y dejo a la mujer pasar primero, me meto y cierro
colocando la tapadera. Los conductos.
- Vamos, su marido le espera.
Echo
a correr,con la mujer agarrándome la mano. No paramos. Los conductos
están oscuros pero yo los conozco demasiado bien para equivocarme.
Llegamos
a la pared. La palpo con las manos hasta que encuentro la escalera y
empiezo a subir. La mujer me copia y sube también. Levanto los
brazos y empujo la tapa de la alcantarilla, conseguimos salir.
El
callejón. Detrás de unas cajas distingo al preso. Bien hecho. La
mujer grita y corre hacia el hombre, que la abraza fuerte y le besa
el pelo. Y, bueno, pues se saludan a su modo.
Yo
me quedo mirando. No sé que más hacer. La pareja se está besando o
eso creo. Que cosa
más rara.
¿Cuánto
tiempo llevan sin verse por dios?
Tengo que pensar en otra cosa. Mis
pulmones arden. Centro mis pensamientos a los pulmones. Pulmones...
pulmones. Me acabo de dar cuenta de que no tengo ni idea de que forma
tienen. ¿Serán redondos o cuadrados?
Tendré que buscarlo algún
día.
La
pareja para y se ríe. Se dan la vuelta y corren hacia mí. Menos mal
que se han acordado de que sigo aquí.
- No puedo explicar como me siento ahora mismo.-dice el hombre, ahora que sonríe parece guapo- Lo que has hecho...-se para y me mira a los ojos- Todo lo que has hecho. Hiciste que no me ejecutaran y ahora salvas a mi esposa de una ejecución inminente. Estaremos en deuda contigo siempre.
- No me deben nada.- digo dándome la vuelta.
Me
agarran del brazo y me doy la vuelta. Me encuentro el rostro lloroso
de la mujer y vuelvo a recordar el día de la explosión.
No
podrá tener más de cincuenta años, pero aún así parece más
vieja. Incluso tiene algunas canas. Eso es lo que te hace vivir bajo
el techo de un mundo de esclavitud. Pero aún así es guapa.
- Eres nuestra salvación.-susurra- Lo sé. Lo supe el día que te vi. Estás destinada a volar, ángel. No dejes que nadie te corte las alas. -me da un beso en la frente y se van. No sé a dónde. No sé que ha pasado en la calle. No sé si al salir un guardia estará esperándome y me matará. Sólo soy capaz de quedarme mirando la pared.
Hay
un gran ángel pintando de blanco en ella, con unas enormes alas que
se despliegan a lo largo de la pared, imponente.
No
dejes que nadie te corte las alas.
No
soy débil. Nadie puede herirme.
Puedo
parecer frágil, pero soy irrompible.
Ya
no seré cristal nunca más, mis venas ahora son fuego.
No
volveré a derramar lágrimas, sólo derramaré las de mis enemigos.
He
sido débil, he llorado y me he roto pero ahora soy un ángel.
Y
todos saben que nadie puede vencer a los ángeles.
Cuando
la luz salga de entre la oscuridad será el principio del fin.
Entonces,
seré libre. Juro por el mundo que seré libre.
El
mundo lo será.
Unos
brazos me rodean y me aparto corriendo. Adonis se ríe y su risa de
superficial resuena en mi cabeza.
- Lárgate. Me duele la cabeza y que tú estés aquí no ayuda.-le pego un empujón y me doy la vuelta, me estrujo la cabeza con los brazos.
Su
risa vuelve a resonar. Se sienta a mi lado y se pasa la manos por el
pelo. Me intenta abrazar de nuevo.
- Vamos, hermanita, nadie puede resistirse a mis abrazos.-dice.
Ahora
mismo le pegaría un puñetazo bien fuerte en todas sus...
- Vamos no te enfades. -apoya la espalda en la pared y estira las piernas, pone sus brazos detrás de su cabeza entrelazados.- ¿Te has enterado de lo que ha pasado hoy? Un capullo por poco mata a un guardia y ha secuestrado a una mujer.
Me
quedo de piedra.
¿Un
capullo? ¿Secuestrado? ¿Pero qué demonios? Yo no he secuestrado a
nadie. La he salvado de una muerte lenta. Son dos cosas diferentes.
- ¿De qué hablas? -pregunto apretando los puños.
Mi
hermano cierra los ojos.
- Pues eso. Un tío ha aparecido en una calle le ha clavado un cuchillo a un guardia, por poco se carga a una mujer y se ha secuestrado a otra. No se sabe dónde está la mujer ahora. Probablemente esté muerta.
¿¡MUERTA?!
No sé donde están. Si cogiditos de la mano caminando por yo que sé
donde o tumbados en el bosque o encima de un tejado, pero muertos no
eso es seguro.
- Bueno, pues eso era. -dice. Abre los ojos y me mira con el ceño fruncido- ¿En serio no te has enterado? ¿Qué estabas otra vez en una esquina amargada huyendo de la gente o estabas tirando piedras a los niños?
Me
abalanzo sobre él y le estampo la cabeza contra la pared.
- ¿Te importa tu cara? Porque en diez segundos te voy a dejar sin ella.
Se
queda mirándome, serio y por una vez pienso que tal vez haya una
posibilidad de que deje de ser el creído estúpido tío
me-creo-que-soy-un-dios y sea un hermano de verdad.
Entonces
dice:
- Nadie va a quererte nunca como sigas así, estúpida.
Toda
posibilidad, por muy microscópica que sea, se evapora.
La
plaza y la calle principal está abarrotada. Miles de personas hablan
a la vez y se mueven de un lado para otro sin sentido.
Ya
ha empezado.
La
elección.
En
cinco puertas de cinco familias aparecerá el signo negro de los
Superiores, una pirámide, y entonces un chico se irá a no se
sabe donde para no volver.
Nadie
sabe porque se los llevan. Ni con qué fin. Simplemente las familias
apuntan el nombre de los elegidos en una de las cinco placas de metal
que colocan en la plaza, rodeando la plataforma, y esos se irán para
luchar o para morir a dónde quiera que les llevan los guardias. Lo
único que se sabe es que todo el que se va nunca vuelve.
Los
guardias dicen que el hecho de que elijan a tu familia es todo un
honor, porque eso significa que los Superiores te conocen y han puesto fe en ti ya que
ellos mismos elijen a las familias. Todos se lo creen y sonríen
cuando ven una pirámide en su puerta. Pero yo no.
Hay
algo que no cuadra. No pueden llevarse cada año cinco chicos, hacer
creer a todo el mundo que van a ser alguien importante y luego
hacerles desaparecer sin dejar rastro. No veo nada de honor en eso.
Camino
tropezando con la gente y consigo salir de la calle sin que nadie me
haya pisado ni tirado al suelo. Las calles están infectadas de
guardias. Lo que hice el otro día debe de haberlos asustado bastante
a los de arriba. No dejo de mirar al suelo hasta que los dejo atrás.
Atravieso la calle y llego a mi casa. Pero no puedo verla. Hay una masa de gente delante. Me acerco a
empujones apartando a la gente para avanzar cuando tropiezo con mi
padre. Está mirando hacia delante, embobado. Miro atrás y me
encuentro con una masa de gente que mira hacia delante con la misma
cara que mi padre.
Vuelvo
la vista hacia donde miran.
Delante
está mi madre abrazada por mi hermano y más delante está mi casa.
Pero hay algo raro. Algo que no encaja en ella. Algo que nunca esperé
ver en mis propios cimientos.
Una
pirámide negra.
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