miércoles, 27 de noviembre de 2013

3.


Han pasado una semana y media desde que volé por los aires la plataforma de ejecución y algo ha cambiado: la gente está cambiando. Ya no pasan delante de los guardias con miedo sino con la cabeza alta, empiezan a salir cuando el sol se está ocultando, se ríen a carcajadas en las plazas sin temor alguno.
Por alguna extraña razón ya no tienen miedo.
Y eso es peligroso para los Superiores. Si la gente empieza a ser valiente, no les temerán. ¿Y cómo puedes gobernar un mundo si no hay nadie que te tema? Por eso han incrementado la seguridad. En cada callejón hay un guardia que vigila, cuando un niño llora un guardia aparece, si se te cae por accidente algo en medio de la calle un guardia te agarra por detrás y te cachea para saber que es lo que llevas encima. Parece que somos delincuentes y presos. Y esto está empezando a parecerse a una prisión. Si antes ya controlaban tu vida al centímetro ahora lo quieren controlar todo, lo que haces, lo que piensas, lo que dices,... todo.
La plataforma está volviendo a ser construida. Hace unos pocos días grandes camiones de metal circularon las calles y se instalaron en la plaza. Muchos guardias salieron de entre los camiones y empezaron a recoger todos los trozos de la explosión. Horas después sacaron la primera pieza de metal. Dentro de pocos días volverá a estar en funcionamiento. Pero ahora algo está ocurriendo.
La gente está pintando en las paredes ángeles. En cada rincón oscuro, en una puerta, en una ventana incluso en algunos árboles del Bosque Prohibido.
Un ángel.
El Ángel de las Sombras, le llaman.
La persona invisible que fue capaz de pasar sin ser visto delante de los guardias e hizo explotar en mil pedazos la plataforma.
Yo.
Por la ciudad circula cada día la historia de que un ángel salvador que se esconde en las sombras que protege a la ciudad. Susurran sobre la destrucción sin miedo a que les maten por ello.
Puede que esto sea el principio del fin. El principio de la guerra que pondrá fin a lo que comenzó hace tantos años. Aunque la guerra ahora parece tan lejana. A nadie se le ocurriría hacer una guerra si es que tiene un poco de sentido común. Una guerra ahora significaría solo una cosa. Perder. Y perder haría más fuertes a los Superiores y a todos los que ahora controlan Oshlium.
Aunque puede que una guerra de otra manera, en el momento exacto y con los planes adecuados si pueda. Sólo necesitamos algo que poca gente tiene en estos tiempos: esperanza. Pero yo la tengo.

Camino por las calles rápidamente. Acabo de pasar por delante de unos guardias y no han dejado de mirarme en todo momento. Imbéciles.
¿Y si sospechan de mí?
No, no lo hacen. Miran a todo el mundo. No te sientas especial, miran a todos no solamente a ti. Eres una ciudadana más de los miles que hay. No te sientas importante.
Respiro hondo y ando más lento. Sin previo aviso un grito resuena a pocos metros de mí.
Un circulo de guardias y gente hay en medio de la calle. Me acerco corriendo. Unos tres guardias agarran a la mujer que me reconoció el día de la explosión mientras la intentan inmovilizar. Mierda. Tenía que huir.
Alguien con una capucha se acerca. No es normal que alguien lleve capucha (salvo yo, claro está) Le observo. Tiene un cuchillo en la mano. Le miro atrás de la capucha. El preso. Ah, no.
Le agarro del brazo y tiro de él empujándole detrás de una tienda. Él me intenta pegar puñetazos pero le agarro el brazo y le piso la pierna.
  • ¡Tranquilízate! -no para de forcejear- ¡JODER PARA! -me mira y se queda quieto.
  • No lo entiendes.-susurra.- Tengo que hacerlo.-grita.
  • Pues claro que lo entiendo. Si te ven, estás muerto. -me intenta pegar un puñetazo pero me agacho a tiempo- ¡Escúchame! No puedes salvarla. Y menos con eso -digo señalando al cuchillo con la cabeza. El hombre baja la cabeza- Pero yo sí. -me mira- Escucha atentamente. Tú no te vas a mover de aquí, ¿está claro? -tras algo de tiempo confuso asiente- Aunque escuches un grito, o aunque escuches diez. No te mueves. -asiente de nuevo.
  • No vas a poder hacer nada.- suelta.
  • Yo fui quién hizo estallar la plataforma.- me levanto y al hombre se le descompone la cara.- Ve hacia la tienda del señor Harris y escóndete detrás de las cajas que hay en la calle siguiente. Espérame allí.- me agacho, cojo el cuchillo y salgo corriendo.
En la calle los guardias han conseguido mover a la mujer. Tengo un plan. No sé como pero lo tengo. Me pongo la capucha y agarro el cuchillo con todas mis fuerzas. Estás loca, Isia. Demonios si lo estoy. Esto va a ser difícil.
Una mujer de unos cuarenta años observa la situación al lado de la pared. Me acerco a ella y le agarro de la cabeza poniendo el cuchillo en su cuello. La mujer grita.
  • ¡QUE NADIE SE MUEVA O LA MATO!
Los guardias se paran y dejan en el suelo tirada a la mujer, que no para de gemir mientras se toca las muñecas. Toda la calle me mira, estupefacta. Perfecto.
  • ¡VOSOTROS!-señalo a los guardias con el codo- ¡ALEJAROS DE AHÍ!- los guardias lentamente se alejan de la mujer mientras se dispersan por la calle. Todos están con la boca abierta, sin saber como reaccionar. Supongo que no habrán visto en su vida a alguien a punto de matar a una persona delante de guardias, a nadie cuerdo se le ocurriría eso. Menos mal que yo no lo estoy.
    Por hacer esto me torturarían mil veces. Que pena que no vallan a poder hacerlo.
    Los guardias se acercan lentamente, preparando sus armas en la espalda. Cada vez están más cerca. 
    Que empiece el espectáculo. Empujo a la mujer contra los guardias y dos de ellos caen. El tercero corre hacia mi, me agacho esquivando la pistola y le clavo el cuchillo en la pierna. El cuchillo se hunde en la carne del guardia. Los trajes tienen una coraza en el pecho pero las piernas solo están cubiertas por los pantalones. Estúpidos.
    El guardia grita y saco el cuchillo. Clavarle un cuchillo no era sólo mi idea principal. Le agarro de la cintura y paso el cuchillo por sus pantalones, rompiendo la hebilla. Y caen, dejando al aire los calzoncillos blancos del guardia, que cae al suelo.Esta imagen se me quedará grabada en mi mente toda mi vida.
Corro hacia la mujer. Le agarro de la espalda y le ayudo a levantarse, sin tocarle los brazos.
  • Vamos.
La mujer me mira y sus lágrimas paran. De repente sonríe y me toca la cabeza.
  • Un ángel.-susurra riendo.
Levanto la vista. Toda la calle me está mirando. Mirando al encapuchado.
Entonces lo veo en sus rostros: esperanza.
  • ¡COGEDLE! -grita de repente un guardia.
  • Señora, hay que correr.
Y corremos. Nunca pensé que la mujer podría correr tan rápido. Corremos por la calle estrecha que está conectada con la principal. Llegamos a la valla y la ayudo a subir. La dejamos atrás y nos pegamos a la pared. Se escucha los ruidos que hacen las pistolas al chocar con el caparazón. Esperamos y los ruidos se van. Corremos. La trampilla está cerca. Solo unos pasos más. Solo unos pasos.
  • ¡Alto!
Mierda. La mujer se para y yo me voy la vuelta. El guardia está mirándome, preparado para luchar. No puedo evitar reírme. Es el guardia al que le patee el culo el otro día. Siempre habrá tiempo para repetirlo.
Me acerco hacia él y me echo a un lado esquivando su patata. Demasiado fácil. Le agarro la pierna antes de que la baje y tiro de ella hacia mí. Antes de que choque conmigo le pego una patada en el estómago y cae al suelo. Le cojo la pistola y se la pongo en el cuello.
  • Te hace comer suelo una tía y un encapuchado te restriega por él. Tienes un serio problema con el suelo, muchacho.
Le pego fuerte con la pistola y se queda en el suelo. Necesitamos tiempo para escapar.
Agarro a la mujer del brazo, que está mirándome sonriente y corremos. Sólo unos pasos más.
La trampilla. La abro y dejo a la mujer pasar primero, me meto y cierro colocando la tapadera. Los conductos.
  • Vamos, su marido le espera.
Echo a correr,con la mujer agarrándome la mano. No paramos. Los conductos están oscuros pero yo los conozco demasiado bien para equivocarme.
Llegamos a la pared. La palpo con las manos hasta que encuentro la escalera y empiezo a subir. La mujer me copia y sube también. Levanto los brazos y empujo la tapa de la alcantarilla, conseguimos salir.
El callejón. Detrás de unas cajas distingo al preso. Bien hecho. La mujer grita y corre hacia el hombre, que la abraza fuerte y le besa el pelo. Y, bueno, pues se saludan a su modo.
Yo me quedo mirando. No sé que más hacer. La pareja se está besando o eso creo.  Que cosa más rara.
¿Cuánto tiempo llevan sin verse por dios?
 Tengo que pensar en otra cosa. Mis pulmones arden. Centro mis pensamientos a los pulmones. Pulmones... pulmones. Me acabo de dar cuenta de que no tengo ni idea de que forma tienen. ¿Serán redondos o cuadrados? 
Tendré que buscarlo algún día.
La pareja para y se ríe. Se dan la vuelta y corren hacia mí. Menos mal que se han acordado de que sigo aquí. 
  • No puedo explicar como me siento ahora mismo.-dice el hombre, ahora que sonríe parece guapo- Lo que has hecho...-se para y me mira a los ojos- Todo lo que has hecho. Hiciste que no me ejecutaran y ahora salvas a mi esposa de una ejecución inminente. Estaremos en deuda contigo siempre.
  • No me deben nada.- digo dándome la vuelta.
Me agarran del brazo y me doy la vuelta. Me encuentro el rostro lloroso de la mujer y vuelvo a recordar el día de la explosión.
No podrá tener más de cincuenta años, pero aún así parece más vieja. Incluso tiene algunas canas. Eso es lo que te hace vivir bajo el techo de un mundo de esclavitud. Pero aún así es guapa.
  • Eres nuestra salvación.-susurra- Lo sé. Lo supe el día que te vi. Estás destinada a volar, ángel. No dejes que nadie te corte las alas. -me da un beso en la frente y se van. No sé a dónde. No sé que ha pasado en la calle. No sé si al salir un guardia estará esperándome y me matará. Sólo soy capaz de quedarme mirando la pared.
Hay un gran ángel pintando de blanco en ella, con unas enormes alas que se despliegan a lo largo de la pared, imponente.
No dejes que nadie te corte las alas.
No soy débil. Nadie puede herirme.
Puedo parecer frágil, pero soy irrompible.
Ya no seré cristal nunca más, mis venas ahora son fuego.
No volveré a derramar lágrimas, sólo derramaré las de mis enemigos.
He sido débil, he llorado y me he roto pero ahora soy un ángel.
Y todos saben que nadie puede vencer a los ángeles.
Cuando la luz salga de entre la oscuridad será el principio del fin.
Entonces, seré libre. Juro por el mundo que seré libre.
El mundo lo será.


Unos brazos me rodean y me aparto corriendo. Adonis se ríe y su risa de superficial resuena en mi cabeza.
  • Lárgate. Me duele la cabeza y que tú estés aquí no ayuda.-le pego un empujón y me doy la vuelta, me estrujo la cabeza con los brazos.
Su risa vuelve a resonar. Se sienta a mi lado y se pasa la manos por el pelo. Me intenta abrazar de nuevo.
  • Vamos, hermanita, nadie puede resistirse a mis abrazos.-dice.
Ahora mismo le pegaría un puñetazo bien fuerte en todas sus...
  • Vamos no te enfades. -apoya la espalda en la pared y estira las piernas, pone sus brazos detrás de su cabeza entrelazados.- ¿Te has enterado de lo que ha pasado hoy? Un capullo por poco mata a un guardia y ha secuestrado a una mujer.
Me quedo de piedra.
¿Un capullo? ¿Secuestrado? ¿Pero qué demonios? Yo no he secuestrado a nadie. La he salvado de una muerte lenta. Son dos cosas diferentes.
  • ¿De qué hablas? -pregunto apretando los puños.
Mi hermano cierra los ojos.
  • Pues eso. Un tío ha aparecido en una calle le ha clavado un cuchillo a un guardia, por poco se carga a una mujer y se ha secuestrado a otra. No se sabe dónde está la mujer ahora. Probablemente esté muerta.
¿¡MUERTA?! No sé donde están. Si cogiditos de la mano caminando por yo que sé donde o tumbados en el bosque o encima de un tejado, pero muertos no eso es seguro.
  • Bueno, pues eso era. -dice. Abre los ojos y me mira con el ceño fruncido- ¿En serio no te has enterado? ¿Qué estabas otra vez en una esquina amargada huyendo de la gente o estabas tirando piedras a los niños?
Me abalanzo sobre él y le estampo la cabeza contra la pared.
  • ¿Te importa tu cara? Porque en diez segundos te voy a dejar sin ella.
Se queda mirándome, serio y por una vez pienso que tal vez haya una posibilidad de que deje de ser el creído estúpido tío me-creo-que-soy-un-dios y sea un hermano de verdad.
Entonces dice:
  • Nadie va a quererte nunca como sigas así, estúpida.
Toda posibilidad, por muy microscópica que sea, se evapora.

La plaza y la calle principal está abarrotada. Miles de personas hablan a la vez y se mueven de un lado para otro sin sentido.
Ya ha empezado.
La elección.
En cinco puertas de cinco familias aparecerá el signo negro de los Superiores, una pirámide, y entonces un chico se irá a no se sabe donde para no volver.
Nadie sabe porque se los llevan. Ni con qué fin. Simplemente las familias apuntan el nombre de los elegidos en una de las cinco placas de metal que colocan en la plaza, rodeando la plataforma, y esos se irán para luchar o para morir a dónde quiera que les llevan los guardias. Lo único que se sabe es que todo el que se va nunca vuelve.
Los guardias dicen que el hecho de que elijan a tu familia es todo un honor, porque eso significa que los Superiores te conocen y han puesto fe en ti ya que ellos mismos elijen a las familias. Todos se lo creen y sonríen cuando ven una pirámide en su puerta. Pero yo no.
Hay algo que no cuadra. No pueden llevarse cada año cinco chicos, hacer creer a todo el mundo que van a ser alguien importante y luego hacerles desaparecer sin dejar rastro. No veo nada de honor en eso.
Camino tropezando con la gente y consigo salir de la calle sin que nadie me haya pisado ni tirado al suelo. Las calles están infectadas de guardias. Lo que hice el otro día debe de haberlos asustado bastante a los de arriba. No dejo de mirar al suelo hasta que los dejo atrás.
Atravieso la calle y llego a mi casa. Pero no puedo verla. Hay una masa de gente delante. Me acerco a empujones apartando a la gente para avanzar cuando tropiezo con mi padre. Está mirando hacia delante, embobado. Miro atrás y me encuentro con una masa de gente que mira hacia delante con la misma cara que mi padre.
Vuelvo la vista hacia donde miran.
Delante está mi madre abrazada por mi hermano y más delante está mi casa. Pero hay algo raro. Algo que no encaja en ella. Algo que nunca esperé ver en mis propios cimientos.
Una pirámide negra.





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