Dejan
de sonreír. Me parece que es la primera vez que una tía se ríe de
ellos. Para todo hay una primera vez.
-Repítelo,
puta -me escupe el que antes me gritó- , y te lo haré tragar.
Ha
elegido mal día para desafiarme. Le miro a los ojos y digo:
-Quiero.
Ver. Vuestros. Culos. Arrastrarse. Por el suelo. -sonrío y digo
lentamente-
C
a b r o n e s.
Tiran
las armas y se acercan. El fuego arde en llamas en mi pecho.
El
gritón me lanza un puñetazo pero me agacho y le pego una patada en
la pantorrilla. Da un traspié y se cae al suelo. Grita de furia.
Las
llamas me corroen.
El
segundo embiste y corre hacia a mí, me aparto a tiempo y le pego un
codazo en la espalda, haciéndole comer el suelo. El gritón vuelve a
levantarse.
-Hija
de puta. Voy a matarte.
Río.
Qué patético.
Se
tira sobre mí y me pega un puñetazo en la cara. Una sacudida de
dolor me traspasa la cara. Levanto la rodilla y le doy fuerte en la
entrepierna. El gritón grita y se lleva las manos a las piernas
tirándose al suelo. Giro colocándome encima de él y le pego un
puñetazo en el mismo sitio en el que él me pego antes. Unos brazos
me sujetan por detrás y me levantan. Me pega una patada en la
espalda y grito. Hijo de... Me impulso con las piernas y doy una
voltereta haciéndole caer hacia atrás. Me suelta los brazos. Gritón
me agarra de las piernas y tira. Mi cabeza da contra el suelo. El
segundo me agarra de por los brazos. Lleva una pistola en la mano. Se
la pasa a Gritón. Me apunta.
El
fuego sigue.
Sangre
sale de su boca y su nariz, se la quita con la mano. Sonríe con su
boca de sangre.
Me
agarran los brazos y las piernas, que pena que no sean bastante
listos. Le pego un cabezazo y me suelta los brazos. Gritón afloja la
presión y consigo quitarle la pistola con el pie. Aterriza en el
suelo a pocos metros. Me levanto y corro a por ella.
Un
grito brutal se escucha tras mi espalda.
Gritón
está de pie, con las cuencas de los ojos blancas y la cara gris. La
boca llena de sangre tan abierta que parece estar apunto de caerse.
Se derrumba en el suelo. Empieza a salir sangre de su boca a
borbotones. Un hombre con una pistola en la mano aparece detrás de
él. Para ser un guardia no lleva puesto el caparazón explicito,
sino una camiseta pegada negra. Tampoco puede pasar de los veinte. Me
está mirando. El segundo guardia se está arrastrando por el suelo
sin dejar de mirar el cuerpo de su amigo.
El
tipo de la chaqueta le mira y dice:
-Levántate
-vocaliza cada letra con desprecio, me gusta- Ahora.
Rápidamente
se levanta y se pone recto como una estatua. Una carcajada se me
escapa y el tipo de camiseta vuelve la vista a mí. Sus ojos marrones
se pasean por todo mi cuerpo esta vez.
No
dejes que te intimide.
Vuelve
a mirarme a los ojos y... sonríe.
Se
da la vuelta.
-Tráemela
-dice.
El
guardia se me acerca pero se para y me hace una señal con la cabeza
de que ande. Buen chico. Empiezo a caminar. Voy a entrar en el
Batallero. La primera chica que entra, y soy yo.
Atravieso
la puerta dorada. Al final de un pasillo de color blanco, aparece una
enorme sala aparece. En las paredes hay soportes llenos de espadas,
cuchillos y otros objetos afilados. A un lado hay unas barras de las
que cuelgan tíos sudorosos sin camiseta haciendo flexiones. Al lado
hay pesas amontonadas y varios hombres están levantándolas. A la
izquierda hay una sala más grande con dos tíos luchando cuerpo a
cuerpo.
-Valla
espectáculo que has montado ahí fuera, ¿eh?
Me
giro. El tipo de la camiseta negra está de cara a mí apoyado en la
pared con los brazos cruzados a la altura del pecho. Ahora que
estamos solos, con la luz del pasillo le veo mejor.
Al
contrario de los demás guardias no tiene el pelo tan corto casi
rapado, sino lo tiene largo y despeinado. De un marrón que brilla
por la luz que se filtran por la claraboya del techo. Todos los
guardias son musculosos y fuertes, él no es una excepción. A través
de la pegada camiseta negra se le marca cada uno de los músculos. Es
guapo y está bueno. El primer guardia que veo así. Le podría hacer
sombra a Adonis perfectamente.
Pero
hay algo raro en él, lo noto. Es como si... un aura extraña le
rodease. En Aprendizaje me enseñaron a diferenciar las diferentes
almas y auras, y sentir de algún modo extraño las vibraciones y
todo ese rollo. Y, francamente, no se me daba tan mal. Pues hay algo
extraño en él, lo sé.
Me
apoyo en la pared y le copio cruzando los brazos.
-Tampoco
ha sido para tanto.-respondo.
Alza
las cejas y por primera vez se ríe. Para ser un tío que tiene pinta
de poder dejarte KO en menos de cinco minutos tiene una risa bonita.
-¿Ah,
no?-pregunta sarcástico ladeando la cabeza- Pues, si te soy sincero,
eres la primera chica a la que veo pelear. E incluso es difícil ver
a un chico pelear como lo has hecho tu. Es... impresionante. -Se
incorpora y se queda en la mitad del pasillo, a pocos centímetros de
mí.
-¿Creías
que por ser chica no sabía pelear?-le replico.
Da
un paso más.
-Sólo
digo, que nunca había visto a nadie pelear así sin entrenamiento y
siendo.... chica.
Resoplo.
-Machista.
Vuelve
a reírse y se pasa la mano por el pelo.
-¿Cuál
es tu nombre?-pregunta.
-¿Cuál
es el tuyo?-pregunto.
Se
queda largo rato observándome, como si estuviese evaluándome. Si lo
que pretende es intimidarme no va a conseguirlo. Le sostengo la
mirada.
De
repente se relaja y susurra:
-Tengo
muchos nombres. Pero el nombre que pusieron al nacer es Noah.
Noah.
Nunca antes había escuchado ese nombre.
-¿No
es nombre de chica?
Ríe
y contesta:
-Es
de chico. Pero nadie me llama así. Todos me llaman Jark.
-A
mí me gusta más Noah. Jark suena a arcada.-respondo.
Estalla
a carcajadas y me mira sonriendo.
- Eres la primera persona que me dice eso. No se, ya no soy Noah. Solo Jark.
- Pues yo no pienso llamarte Jark. No quiero que cuando te llame todos piensen que voy a vomitar.
Se
pasa la mano por la boca y se rasca la nuca.
- Puedes llamarme como quieras, preciosa. -da un paso más, está a poco centímetros de mí. Se agacha, susurra- Te diré un secreto: eres la primera persona que sabe mi verdadero nombre.- se queda parado unos segundos cerca de mi cuello y se aparta volviendo a la mitad del pasillo.
- ¿Y porqué me lo has contado?
Frunce
el ceño y se rasca la barbilla, como no si realmente no supiera la
respuesta.
- Si te soy sincero, no lo sé. -dice sin dejar de mirarme.
- Osea, que le has dicho tu nombre secreto a una desconocida sin saber porqué. Valla, tu inteligencia me abruma.
Sonríe
de lado y ladea la cabeza cual gato.
- Ya sabía el hecho de que te abrumo. Llevas mirándome desde que aparecí en tu campo de visión, preciosa.
Además
de estúpido, creído. Ya me doy cuenta de porqué es un guardia.
- Es que era mirarte o mirar el cuerpo lleno de sangre del otro guardia. Y sinceramente no me apasiona ver cuerpos sin alma desangrarse.
Se
queda con la boca entre abierta.
- Aunque tal vez debería haberme quedado con él. Seguro que incluso muerto es más inteligente que tú. -remato.
Se
queda varios segundos callado mirando la puerta.
- No debió hacer lo que hizo. Tuve que matarle...-susurró como para sí.
- ¿Porqué?
Se
sobresalta como si se diese cuenta de mi presenta y me mira por un
segundo con miedo. Pero vuelve a mirarme serio.
- Yo solo lo tuve que hacer y ya esta.- mira al suelo y levanta la cabeza súbitamente- Todavía no me has dicho tu nombre.
Me
incorporo y me dirijo a la puerta.
- No lo necesitas -respondo.
No
sé como lo hizo, pero aparece delante de mí, interponiéndose entre
la puerta y yo.
- ¿Cómo has...
- Tu nombre.- me interrumpe.
Respiro
hondo.
- Isia. Es... Isia.- digo.
- Isia. -repite- Me gusta.
Que
tío más raro.
- Vale me ha encantado esta conversación intelectual contigo pero tengo que irme. -no se aparta.- Vamos a ver, cielo, si no te apartas de la puerta, no puedo pasar, ¿comprendes?
- Sabes que podría hacer que te ejecuten de la peor manera posible ahora mismo, ¿verdad? - Retrocedo y asiento- ¿No te importa?Un escalofrío me traspasa por la columna vertebral.
- La verdad es que no. Ya me han enseñado todo eso de las normas de los Superiores y cómo debemos actuar y pensar y sinceramente, me importa una mierda. Puedes hacer que me ejecuten ahora mismo, que me claven un junker o que me torturen postrándome en el Santuario que seguirá importándome una mierda vuestras leyes.
Se
supone que cualquier guardia habría estampado mi cabeza contra la
pared y haberme clavado un cuchillo exparsor en la espalda, pero él
sonríe.
- Algún día volveremos a vernos, Isia. -acerca su boca a mi oreja- Estaré esperando.
Se
va, despareciendo en el grupo de tíos sudorosos de los
entrenamientos. Me quedo sola ante la puerta dorad con la sensación
de que me ha hecho una promesa peligrosa.
Está
lloviendo. Con la capucha puesta escalo la torre Halbo. La torre de
metal parece más oscura hoy. Voy metiendo los pies en los barrotes y
me encaramo a las barras impulsándome hacia arriba.
Llego
a la cima.
Salto
el último barrote y toco suelo por fin. El final de la torre tiene
techo, así que me quito la capucha. Desde aquí se ve toda la
ciudad. Me siento en suelo, apoyo la cara en la barra de metal de la
barrera. A los lejos se ve el bosque, el bosque infinito. Y luego el
cielo. Pero allí atrás, al final del bosque hay algo más. No sé
el qué pero hay algo. Un día lo sabré y saldré de aquí. Les
plantaré cara a los Superiores y entonces todo volverá a ser como
en los tiempos en los que Oshlium se hacía llamar la Tierra.
Agarro
fuertemente mi collar y cierro los ojos.
Voy
a ser libre, cueste lo que cueste.
Me encanta esta historia, estoy enganchadísimo. Espero con ansia tu siguiente capítulo :)
ResponderEliminarMuchisimas gracias. Ya está el tercero:)
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