sábado, 23 de noviembre de 2013

2.


Dejan de sonreír. Me parece que es la primera vez que una tía se ríe de ellos. Para todo hay una primera vez. 
-Repítelo, puta -me escupe el que antes me gritó- , y te lo haré tragar.
Ha elegido mal día para desafiarme. Le miro a los ojos y digo:
-Quiero. Ver. Vuestros. Culos. Arrastrarse. Por el suelo. -sonrío y digo lentamente-
C a b r o n e s.
Tiran las armas y se acercan. El fuego arde en llamas en mi pecho.
El gritón me lanza un puñetazo pero me agacho y le pego una patada en la pantorrilla. Da un traspié y se cae al suelo. Grita de furia.
Las llamas me corroen.
El segundo embiste y corre hacia a mí, me aparto a tiempo y le pego un codazo en la espalda, haciéndole comer el suelo. El gritón vuelve a levantarse.
-Hija de puta. Voy a matarte.
Río. Qué patético.
Se tira sobre mí y me pega un puñetazo en la cara. Una sacudida de dolor me traspasa la cara. Levanto la rodilla y le doy fuerte en la entrepierna. El gritón grita y se lleva las manos a las piernas tirándose al suelo. Giro colocándome encima de él y le pego un puñetazo en el mismo sitio en el que él me pego antes. Unos brazos me sujetan por detrás y me levantan. Me pega una patada en la espalda y grito. Hijo de... Me impulso con las piernas y doy una voltereta haciéndole caer hacia atrás. Me suelta los brazos. Gritón me agarra de las piernas y tira. Mi cabeza da contra el suelo. El segundo me agarra de por los brazos. Lleva una pistola en la mano. Se la pasa a Gritón. Me apunta.
El fuego sigue.
Sangre sale de su boca y su nariz, se la quita con la mano. Sonríe con su boca de sangre.
Me agarran los brazos y las piernas, que pena que no sean bastante listos. Le pego un cabezazo y me suelta los brazos. Gritón afloja la presión y consigo quitarle la pistola con el pie. Aterriza en el suelo a pocos metros. Me levanto y corro a por ella.
Un grito brutal se escucha tras mi espalda.
Gritón está de pie, con las cuencas de los ojos blancas y la cara gris. La boca llena de sangre tan abierta que parece estar apunto de caerse. Se derrumba en el suelo. Empieza a salir sangre de su boca a borbotones. Un hombre con una pistola en la mano aparece detrás de él. Para ser un guardia no lleva puesto el caparazón explicito, sino una camiseta pegada negra. Tampoco puede pasar de los veinte. Me está mirando. El segundo guardia se está arrastrando por el suelo sin dejar de mirar el cuerpo de su amigo.
El tipo de la chaqueta le mira y dice:
-Levántate -vocaliza cada letra con desprecio, me gusta- Ahora.
Rápidamente se levanta y se pone recto como una estatua. Una carcajada se me escapa y el tipo de camiseta vuelve la vista a mí. Sus ojos marrones se pasean por todo mi cuerpo esta vez.
No dejes que te intimide.
Vuelve a mirarme a los ojos y... sonríe.
Se da la vuelta.
-Tráemela -dice.

El guardia se me acerca pero se para y me hace una señal con la cabeza de que ande. Buen chico. Empiezo a caminar. Voy a entrar en el Batallero. La primera chica que entra, y soy yo.
Atravieso la puerta dorada. Al final de un pasillo de color blanco, aparece una enorme sala aparece. En las paredes hay soportes llenos de espadas, cuchillos y otros objetos afilados. A un lado hay unas barras de las que cuelgan tíos sudorosos sin camiseta haciendo flexiones. Al lado hay pesas amontonadas y varios hombres están levantándolas. A la izquierda hay una sala más grande con dos tíos luchando cuerpo a cuerpo.
-Valla espectáculo que has montado ahí fuera, ¿eh?
Me giro. El tipo de la camiseta negra está de cara a mí apoyado en la pared con los brazos cruzados a la altura del pecho. Ahora que estamos solos, con la luz del pasillo le veo mejor.
Al contrario de los demás guardias no tiene el pelo tan corto casi rapado, sino lo tiene largo y despeinado. De un marrón que brilla por la luz que se filtran por la claraboya del techo. Todos los guardias son musculosos y fuertes, él no es una excepción. A través de la pegada camiseta negra se le marca cada uno de los músculos. Es guapo y está bueno. El primer guardia que veo así. Le podría hacer sombra a Adonis perfectamente.
Pero hay algo raro en él, lo noto. Es como si... un aura extraña le rodease. En Aprendizaje me enseñaron a diferenciar las diferentes almas y auras, y sentir de algún modo extraño las vibraciones y todo ese rollo. Y, francamente, no se me daba tan mal. Pues hay algo extraño en él, lo sé.
Me apoyo en la pared y le copio cruzando los brazos.
-Tampoco ha sido para tanto.-respondo.
Alza las cejas y por primera vez se ríe. Para ser un tío que tiene pinta de poder dejarte KO en menos de cinco minutos tiene una risa bonita.
-¿Ah, no?-pregunta sarcástico ladeando la cabeza- Pues, si te soy sincero, eres la primera chica a la que veo pelear. E incluso es difícil ver a un chico pelear como lo has hecho tu. Es... impresionante. -Se incorpora y se queda en la mitad del pasillo, a pocos centímetros de mí.
-¿Creías que por ser chica no sabía pelear?-le replico.
Da un paso más.
-Sólo digo, que nunca había visto a nadie pelear así sin entrenamiento y siendo.... chica.
Resoplo.
-Machista.
Vuelve a reírse y se pasa la mano por el pelo.
-¿Cuál es tu nombre?-pregunta.
-¿Cuál es el tuyo?-pregunto.
Se queda largo rato observándome, como si estuviese evaluándome. Si lo que pretende es intimidarme no va a conseguirlo. Le sostengo la mirada.
De repente se relaja y susurra:
-Tengo muchos nombres. Pero el nombre que pusieron al nacer es Noah.
Noah. Nunca antes había escuchado ese nombre.
-¿No es nombre de chica?
Ríe y contesta:
-Es de chico. Pero nadie me llama así. Todos me llaman Jark.
-A mí me gusta más Noah. Jark suena a arcada.-respondo.
Estalla a carcajadas y me mira sonriendo.
  • Eres la primera persona que me dice eso. No se, ya no soy Noah. Solo Jark.
  • Pues yo no pienso llamarte Jark. No quiero que cuando te llame todos piensen que voy a vomitar.
Se pasa la mano por la boca y se rasca la nuca.
  • Puedes llamarme como quieras, preciosa. -da un paso más, está a poco centímetros de mí. Se agacha, susurra- Te diré un secreto: eres la primera persona que sabe mi verdadero nombre.- se queda parado unos segundos cerca de mi cuello y se aparta volviendo a la mitad del pasillo.
  • ¿Y porqué me lo has contado?
Frunce el ceño y se rasca la barbilla, como no si realmente no supiera la respuesta.
  • Si te soy sincero, no lo sé. -dice sin dejar de mirarme.
  • Osea, que le has dicho tu nombre secreto a una desconocida sin saber porqué. Valla, tu inteligencia me abruma.
Sonríe de lado y ladea la cabeza cual gato.
  • Ya sabía el hecho de que te abrumo. Llevas mirándome desde que aparecí en tu campo de visión, preciosa.
Además de estúpido, creído. Ya me doy cuenta de porqué es un guardia.
  • Es que era mirarte o mirar el cuerpo lleno de sangre del otro guardia. Y sinceramente no me apasiona ver cuerpos sin alma desangrarse.
Se queda con la boca entre abierta.
  • Aunque tal vez debería haberme quedado con él. Seguro que incluso muerto es más inteligente que tú. -remato.
Se queda varios segundos callado mirando la puerta.
  • No debió hacer lo que hizo. Tuve que matarle...-susurró como para sí.
  • ¿Porqué?
Se sobresalta como si se diese cuenta de mi presenta y me mira por un segundo con miedo. Pero vuelve a mirarme serio.
  • Yo solo lo tuve que hacer y ya esta.- mira al suelo y levanta la cabeza súbitamente- Todavía no me has dicho tu nombre.
Me incorporo y me dirijo a la puerta.
  • No lo necesitas -respondo.
No sé como lo hizo, pero aparece delante de mí, interponiéndose entre la puerta y yo.
  • ¿Cómo has...
  • Tu nombre.- me interrumpe.
Respiro hondo.
  • Isia. Es... Isia.- digo.
  • Isia. -repite- Me gusta.
Que tío más raro.
  • Vale me ha encantado esta conversación intelectual contigo pero tengo que irme. -no se aparta.- Vamos a ver, cielo, si no te apartas de la puerta, no puedo pasar, ¿comprendes?
  • Sabes que podría hacer que te ejecuten de la peor manera posible ahora mismo, ¿verdad? - Retrocedo y asiento- ¿No te importa? 
    Un escalofrío me traspasa por la columna vertebral. 
  • La verdad es que no. Ya me han enseñado todo eso de las normas de los Superiores y cómo debemos actuar y pensar y sinceramente, me importa una mierda. Puedes hacer que me ejecuten ahora mismo, que me claven un junker o que me torturen postrándome en el Santuario que seguirá importándome una mierda vuestras leyes.
Se supone que cualquier guardia habría estampado mi cabeza contra la pared y haberme clavado un cuchillo exparsor en la espalda, pero él sonríe.
  • Algún día volveremos a vernos, Isia. -acerca su boca a mi oreja- Estaré esperando.
Se va, despareciendo en el grupo de tíos sudorosos de los entrenamientos. Me quedo sola ante la puerta dorad con la sensación de que me ha hecho una promesa peligrosa.

Está lloviendo. Con la capucha puesta escalo la torre Halbo. La torre de metal parece más oscura hoy. Voy metiendo los pies en los barrotes y me encaramo a las barras impulsándome hacia arriba.
Llego a la cima.
Salto el último barrote y toco suelo por fin. El final de la torre tiene techo, así que me quito la capucha. Desde aquí se ve toda la ciudad. Me siento en suelo, apoyo la cara en la barra de metal de la barrera. A los lejos se ve el bosque, el bosque infinito. Y luego el cielo. Pero allí atrás, al final del bosque hay algo más. No sé el qué pero hay algo. Un día lo sabré y saldré de aquí. Les plantaré cara a los Superiores y entonces todo volverá a ser como en los tiempos en los que Oshlium se hacía llamar la Tierra.
Agarro fuertemente mi collar y cierro los ojos.
Voy a ser libre, cueste lo que cueste.

2 comentarios:

  1. Me encanta esta historia, estoy enganchadísimo. Espero con ansia tu siguiente capítulo :)

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