El pitido suena,
mi señal, empiezo a correr. Tengo el camino ya memorizado así que
es fácil meterme por los callejones. A lo lejos se escucha el
bullicio. La calle principal está abarrotada de gente que corre
aturdida o que se cubre, me integro en ella. La gente se acerca al
lugar de donde provino el ruido y yo voy con ella. Llegamos a la
plaza.
No puedo evitar
sonreír al verlo.
Lo conseguí: la
plataforma de ejecución está doblada por la mitad, miles de trozos
de metal están incrustados en el suelo, los guardias yacen en el
suelo observando el lugar, el preso no está. La plaza está llena de
rostros asombrados, rostros ocultando felicidad, rostros llenos de
miedo.
Sonrío más y
agarro fuertemente mi collar.
Entonces todos los
rostros cambian. Tres docenas de guardias se despliegan por la plaza
y vuelven los gritos. Mi corazón late rápido dentro de mi pecho.
Actúo rápido. Me pongo la capucha y mi rostro queda oculto. Los
guardias empiezan a cachear a los primeros de la muchedumbre. Poco a
poco voy echándome hacia atrás. Los guardias se acercan. Voy
caminando esquivando personas lentamente, pasando desapercibida.
Una mano se posa
sobre mi brazo. Giro lentamente la cabeza. A través de la capucha
veo el rostro lloroso de una mujer. Se acerca a mí y susurra:
- Gracias.
Y se va,
abriéndose paso entre la muchedumbre. Sigo caminando.
El ruido y los
gritos se quedan atrás y llego al silencio de las calles desiertas.
Camino rápidamente, sin quitar la mirada del suelo. Como no estoy
segura de que nadie me haya seguido no me bajo la capucha.
He destruido la
plataforma de ejecución. Ahora habrá un largo tiempo sin
ejecuciones hasta que pongan una plataforma nueva, al menos eso
espero.
No puedo olvidar a
la mujer del rostro lloroso.
- Gracias.
Supo
que yo lo había hecho, que había hecho explotar la plataforma, y me
dio las gracias por eso. Tal vez fuese la esposa del preso, por eso
las lágrimas. Ojala hayan podido escapar, escapar lejos.
Escapar
lejos, muy lejos...
Noté
la sombra mucho antes de verla reflejada en la pared por la luz.
Llevo largo rato caminando, y la sombra me sigue. Puede ser un
guardia. Me han descubierto.¿Pero cómo? La capucha ha sido muy
llamativa, quizás. O me vieron correr antes de que todo explotase.
Maldición Isia.
Tengo
que saber su identidad.
Para
una persona como yo, solitaria, silenciosa y peligrosa, la ciudad se
convierte en tu fortaleza. Saber cuando hay una calle oscura, una
abertura, el hueco de una cañería o un callejón sin salida puede
salvarte en los momentos en los que la muerte está detrás.
El
perseguidor tiene que ser acorralado, y ahí sabré quién es y
porqué me sigue.
Tuerzo
en el siguiente callejón. Un callejón sin salida, lleno de cajas y
basura. Como el perseguidor está a una distancia considerable trepo
por la pared tomando impulso en muro y me escondo tras un balcón de
hierro de una de las casas. Espero agazapada tras el hierro, mirando
por los huecos de los barrotes. Segundos después la sombra tuerce y
aparece en mi campo se visión. Se queda parado y empieza a caminar
lentamente, observándolo todo.
Eso
es.
Gracias
a la luz que llega de la calle consigo verle la espalda. Lleva una
camiseta celeste remangada por los codos. No es un guardia. Salto del
balcón y camino por el muro observándole. No consigo verle la cara.
A lo largo del callejón hay barras de metal desniveladas. Me apoyo
en una y toco el suelo sin hacer ruido. No se da cuenta de mi
presencia. Voy caminando agachándome en cada caja hasta que estoy a
pocos metros de su espalda. Escucho su respiración rápida.
El
fuego se propaga por mi cuerpo.
Le
agarro del cuello y lo empujo contra el muro. Mi perseguidor suelta
una exclamación y se estampa ruidosamente contra el muro,
arrastrándose por la pared hasta el suelo. Le hago levantarse y le
levanto la cara.
Estúpido.
-¿Qué
haces aquí, Adonis?-pregunto.
Mi
hermano se queda mirándome respirando pesadamente y cuando le suelto
se lleva las manos al cuello y se lo masajea.
-¿Así
tratas a todos los que entran en callejones? -dice y resoplo.
-Sólo
a los que me persiguen. -me aparto el pelo de la cara y me alejo de
él.
Adonis
se coloca la camiseta y se apoya contra el muro de nuevo, con las
manos metidas en los bolsillos de los pantalones y una pierna
flexionada contra el muro. Imbécil.
Lo
peor de ser guapo es que lo sabe. Y se lo cree. Encima tiene ese
nombre, Adonis, uno de los dioses más hermosos que consiguió
enamorar a la misma afrodita. Pero que al final murió atacado por un
jabalí. Estúpido.
Y
es que parece un dios. O algo parecido. Hace deporte, solo corre y
tal vez haga flexiones y poco más, pero aún así cuando se pasea
por la plaza con la camiseta quitada hace que todos se queden mirando
las formas de su cuerpo. En realidad, todas. Se puede decir que todas
las mujeres de la ciudad han oído hablar de Adonis, el dios renacido
(así le llaman). Su pelo rubio que aunque lleve días sin peinarse
parezca una obra de arte y sus ojos color cielo completan toda esa
patraña del dios. Además de que es molestamente amable y está
continuamente ayudando a todos.
Luego
estoy yo. Todo dios tiene una sombra, y esa soy yo. La sombra que
pasea por las calles sin ser vista.
Yo
también tengo nombre de diosa. Bueno, a medias. Mis padres cambiaron
la última ese por una a y en vez de ser Isis, la reina egipcia de
todos los dioses, soy Isia, y ya está.
La
verdad es que no soy amable y eso hace que me meta en continuos
problemas. Y no pienso como los demás. No me gusta tragarme las
cosas y en este mundo eso es malo, muy malo. A pesar de ser una
chica, sé luchar, mejor que los tíos más fuertes de la ciudad
incluso. Aprendí a pelear cuando sólo era una niña. Odio ser
débil. Ser débil significa tener debilidades, y si las tienes ellos
pueden hacerte daño.
Nadie
puede dañarme, ni nada.
-Bueno,
yo voy a seguir andando. Busca a más gente a la que perseguir.- me
alejo del callejón. Los pasos de mi hermano resuenan detrás de mí.
-Eh,
Isia -mi hermano me agarra del hombro y yo le pego un tirón, me doy
la vuelta. Sonríe.- vamos, no te enfades, sólo quería saber si
estabas bien. -pone su sonrisa de
soy-un-dios-y-por-eso-te-derrites-por-mi-sonrisa-porque-me-lo-tengo-creído.
Imbécil.
Me
río.
-Qué
buen actor eres, hermanito. Por poco hasta me creo que te importa.
Por un poquito. -camino hacia atrás sin despegar los ojos de él.-Vas
a tener que seguir practicando.
Sigo
caminando alejándome de él incapaz de no reír al recordar la cara
has-herido-mi-ego al irme.
Apenas
está amaneciendo cuando salgo de casa. La ciudad está en silencio.
Correr a estas horas es lo mejor. Nadie está para mirarte ni para
susurrar cosas cuando pasas. Eso es lo último que necesito. Huyo de
las calles principales, me reservo a los callejones saltando los
obstáculos. Salgo de la ciudad.
Después
de la ciudad solo hay bosque... y la nada. No hay nada más, nada más
que nadie sepa. Nadie ha salido de la ciudad. Salvo los guardias y
los Elegidos.
Rodeo
el bosque sin adentrarme en él. Mejor no hacerlo si no quieres que
te pongan de rodillas en la plataforma de ejecución y que te claven
un jurken en el brazo.
Ya
empieza a amanecer. Las primeras luces del días se filtran por las
ramas, haciéndolas brillar.
Algún
día traspasaré el bosque y nadie me cogerá. Entonces por fin seré
libre.
Algún
día.
Desde
donde estoy se puede ver el Batallero. El Batallero es un edificio
anguloso de mármol hecho por los Superiores donde algunos jóvenes
van a aprender a luchar y a prepararse por si algún día es Elegido.
Allí se llevan largo tiempo peleando y usando armas mientras se
fortalecen y aprenden a defenderse. Pero solo hay tíos. Los
Superiores tienen prohibido a cualquier chica estar en cualquier
Batallero. Nunca ha habido una Elegida. Machistas asquerosos.
Voy
ralentizando el ritmo y empiezo a caminar. Mi corazón vuelve a latir
lentamente en mi pecho. Paso enfrente del Batallero. En la puerta
dorada hay dos guardias que me observan, mirándome de arriba abajo.
No pasan de los veinte años. Llevan puestos el traje negro pegado al
cuerpo marcando de cintura para arriba cada músculo protegido por
una coraza que hace los parecer más fuertes que te dice 'soy un
guardia, apártate', con una pistola del mismo color que el traje
aguantada en la mano derecha. Son unos creídos. Casi tanto como
Adonis.
Una
vez escuché que un guardia cogió a una chica y la violó por
diversión, nunca se supo más de ella. Y más innumerables historias
asquerosas sobre ellos.
Al
llevar tanto tiempo corriendo estoy cubierta de sudor que hace que se
me pegue la camiseta a la piel y mi pelo brilla por el sol algo
despeinado sujetado por la coleta. Mis pintas tienen que ser
impresionantes. Los guardias se miran y se ríen.
-¿Cuando
tenemos el relevo?-pregunta uno sin dejar de mirarme.
-Dentro
de quince minutos.-responde otro sonriendo de lado.
-Eh,
preciosa -me dice elevando la voz- pásate dentro de quince minutos y
nos divertiremos.
Me
paro delante de ellos y sus sonrisas asquerosas aumentan. El fuego se
enciende.
-Por
supuesto que me pasaré -respondo poniendo los manos en las caderas-
para ver como vuestros culos se arrastran por el suelo, cabrones.
Y me da que Marlensita acaba de enamorarse.
ResponderEliminarMadre de dios.
Como escribes aksañldkjeaijtb
No.
Puedo.
Con mis feels.
De verdad, me he leído la entrada 3 veces.
Voy a recomendarte una cosa, y a ver que te parece.
Sube algun capitulo más.
A ver que ta sigue.
Y, CUANDO TENGAS SEGUIDORES Y PONGAS EL MALDITO BOTON :-)Ç
Veremos que tal reaccionan a esto.
Ahora el consejo.
Si lo hacen bien, deja la historia.
Guardatela para ti.
Y piensa en escribir un libro.
Bc, esto vale (mas que mucho), para un libro.
Que la suerte este siempre de tu parte.