sábado, 23 de noviembre de 2013

1.


El pitido suena, mi señal, empiezo a correr. Tengo el camino ya memorizado así que es fácil meterme por los callejones. A lo lejos se escucha el bullicio. La calle principal está abarrotada de gente que corre aturdida o que se cubre, me integro en ella. La gente se acerca al lugar de donde provino el ruido y yo voy con ella. Llegamos a la plaza.
No puedo evitar sonreír al verlo.
Lo conseguí: la plataforma de ejecución está doblada por la mitad, miles de trozos de metal están incrustados en el suelo, los guardias yacen en el suelo observando el lugar, el preso no está. La plaza está llena de rostros asombrados, rostros ocultando felicidad, rostros llenos de miedo.
Sonrío más y agarro fuertemente mi collar.
Entonces todos los rostros cambian. Tres docenas de guardias se despliegan por la plaza y vuelven los gritos. Mi corazón late rápido dentro de mi pecho. Actúo rápido. Me pongo la capucha y mi rostro queda oculto. Los guardias empiezan a cachear a los primeros de la muchedumbre. Poco a poco voy echándome hacia atrás. Los guardias se acercan. Voy caminando esquivando personas lentamente, pasando desapercibida.
Una mano se posa sobre mi brazo. Giro lentamente la cabeza. A través de la capucha veo el rostro lloroso de una mujer. Se acerca a mí y susurra:
  • Gracias.
Y se va, abriéndose paso entre la muchedumbre. Sigo caminando.
El ruido y los gritos se quedan atrás y llego al silencio de las calles desiertas. Camino rápidamente, sin quitar la mirada del suelo. Como no estoy segura de que nadie me haya seguido no me bajo la capucha.
He destruido la plataforma de ejecución. Ahora habrá un largo tiempo sin ejecuciones hasta que pongan una plataforma nueva, al menos eso espero.
No puedo olvidar a la mujer del rostro lloroso.
  • Gracias.
Supo que yo lo había hecho, que había hecho explotar la plataforma, y me dio las gracias por eso. Tal vez fuese la esposa del preso, por eso las lágrimas. Ojala hayan podido escapar, escapar lejos.
Escapar lejos, muy lejos...

Noté la sombra mucho antes de verla reflejada en la pared por la luz. Llevo largo rato caminando, y la sombra me sigue. Puede ser un guardia. Me han descubierto.¿Pero cómo? La capucha ha sido muy llamativa, quizás. O me vieron correr antes de que todo explotase. Maldición Isia.
Tengo que saber su identidad.
Para una persona como yo, solitaria, silenciosa y peligrosa, la ciudad se convierte en tu fortaleza. Saber cuando hay una calle oscura, una abertura, el hueco de una cañería o un callejón sin salida puede salvarte en los momentos en los que la muerte está detrás.
El perseguidor tiene que ser acorralado, y ahí sabré quién es y porqué me sigue.
Tuerzo en el siguiente callejón. Un callejón sin salida, lleno de cajas y basura. Como el perseguidor está a una distancia considerable trepo por la pared tomando impulso en muro y me escondo tras un balcón de hierro de una de las casas. Espero agazapada tras el hierro, mirando por los huecos de los barrotes. Segundos después la sombra tuerce y aparece en mi campo se visión. Se queda parado y empieza a caminar lentamente, observándolo todo.
Eso es.
Gracias a la luz que llega de la calle consigo verle la espalda. Lleva una camiseta celeste remangada por los codos. No es un guardia. Salto del balcón y camino por el muro observándole. No consigo verle la cara. A lo largo del callejón hay barras de metal desniveladas. Me apoyo en una y toco el suelo sin hacer ruido. No se da cuenta de mi presencia. Voy caminando agachándome en cada caja hasta que estoy a pocos metros de su espalda. Escucho su respiración rápida.
El fuego se propaga por mi cuerpo.
Le agarro del cuello y lo empujo contra el muro. Mi perseguidor suelta una exclamación y se estampa ruidosamente contra el muro, arrastrándose por la pared hasta el suelo. Le hago levantarse y le levanto la cara.
Estúpido.
-¿Qué haces aquí, Adonis?-pregunto.
Mi hermano se queda mirándome respirando pesadamente y cuando le suelto se lleva las manos al cuello y se lo masajea.
-¿Así tratas a todos los que entran en callejones? -dice y resoplo.
-Sólo a los que me persiguen. -me aparto el pelo de la cara y me alejo de él.
Adonis se coloca la camiseta y se apoya contra el muro de nuevo, con las manos metidas en los bolsillos de los pantalones y una pierna flexionada contra el muro. Imbécil.
Lo peor de ser guapo es que lo sabe. Y se lo cree. Encima tiene ese nombre, Adonis, uno de los dioses más hermosos que consiguió enamorar a la misma afrodita. Pero que al final murió atacado por un jabalí. Estúpido.
Y es que parece un dios. O algo parecido. Hace deporte, solo corre y tal vez haga flexiones y poco más, pero aún así cuando se pasea por la plaza con la camiseta quitada hace que todos se queden mirando las formas de su cuerpo. En realidad, todas. Se puede decir que todas las mujeres de la ciudad han oído hablar de Adonis, el dios renacido (así le llaman). Su pelo rubio que aunque lleve días sin peinarse parezca una obra de arte y sus ojos color cielo completan toda esa patraña del dios. Además de que es molestamente amable y está continuamente ayudando a todos.
Luego estoy yo. Todo dios tiene una sombra, y esa soy yo. La sombra que pasea por las calles sin ser vista.
Yo también tengo nombre de diosa. Bueno, a medias. Mis padres cambiaron la última ese por una a y en vez de ser Isis, la reina egipcia de todos los dioses, soy Isia, y ya está.
La verdad es que no soy amable y eso hace que me meta en continuos problemas. Y no pienso como los demás. No me gusta tragarme las cosas y en este mundo eso es malo, muy malo. A pesar de ser una chica, sé luchar, mejor que los tíos más fuertes de la ciudad incluso. Aprendí a pelear cuando sólo era una niña. Odio ser débil. Ser débil significa tener debilidades, y si las tienes ellos pueden hacerte daño.
Nadie puede dañarme, ni nada.
-Bueno, yo voy a seguir andando. Busca a más gente a la que perseguir.- me alejo del callejón. Los pasos de mi hermano resuenan detrás de mí.
-Eh, Isia -mi hermano me agarra del hombro y yo le pego un tirón, me doy la vuelta. Sonríe.- vamos, no te enfades, sólo quería saber si estabas bien. -pone su sonrisa de soy-un-dios-y-por-eso-te-derrites-por-mi-sonrisa-porque-me-lo-tengo-creído.
Imbécil.
Me río.
-Qué buen actor eres, hermanito. Por poco hasta me creo que te importa. Por un poquito. -camino hacia atrás sin despegar los ojos de él.-Vas a tener que seguir practicando.
Sigo caminando alejándome de él incapaz de no reír al recordar la cara has-herido-mi-ego al irme.

Apenas está amaneciendo cuando salgo de casa. La ciudad está en silencio. Correr a estas horas es lo mejor. Nadie está para mirarte ni para susurrar cosas cuando pasas. Eso es lo último que necesito. Huyo de las calles principales, me reservo a los callejones saltando los obstáculos. Salgo de la ciudad.
Después de la ciudad solo hay bosque... y la nada. No hay nada más, nada más que nadie sepa. Nadie ha salido de la ciudad. Salvo los guardias y los Elegidos.
Rodeo el bosque sin adentrarme en él. Mejor no hacerlo si no quieres que te pongan de rodillas en la plataforma de ejecución y que te claven un jurken en el brazo.
Ya empieza a amanecer. Las primeras luces del días se filtran por las ramas, haciéndolas brillar.
Algún día traspasaré el bosque y nadie me cogerá. Entonces por fin seré libre.
Algún día.
Desde donde estoy se puede ver el Batallero. El Batallero es un edificio anguloso de mármol hecho por los Superiores donde algunos jóvenes van a aprender a luchar y a prepararse por si algún día es Elegido. Allí se llevan largo tiempo peleando y usando armas mientras se fortalecen y aprenden a defenderse. Pero solo hay tíos. Los Superiores tienen prohibido a cualquier chica estar en cualquier Batallero. Nunca ha habido una Elegida. Machistas asquerosos.
Voy ralentizando el ritmo y empiezo a caminar. Mi corazón vuelve a latir lentamente en mi pecho. Paso enfrente del Batallero. En la puerta dorada hay dos guardias que me observan, mirándome de arriba abajo. No pasan de los veinte años. Llevan puestos el traje negro pegado al cuerpo marcando de cintura para arriba cada músculo protegido por una coraza que hace los parecer más fuertes que te dice 'soy un guardia, apártate', con una pistola del mismo color que el traje aguantada en la mano derecha. Son unos creídos. Casi tanto como Adonis.
Una vez escuché que un guardia cogió a una chica y la violó por diversión, nunca se supo más de ella. Y más innumerables historias asquerosas sobre ellos.
Al llevar tanto tiempo corriendo estoy cubierta de sudor que hace que se me pegue la camiseta a la piel y mi pelo brilla por el sol algo despeinado sujetado por la coleta. Mis pintas tienen que ser impresionantes. Los guardias se miran y se ríen.
-¿Cuando tenemos el relevo?-pregunta uno sin dejar de mirarme.
-Dentro de quince minutos.-responde otro sonriendo de lado.
-Eh, preciosa -me dice elevando la voz- pásate dentro de quince minutos y nos divertiremos.
Me paro delante de ellos y sus sonrisas asquerosas aumentan. El fuego se enciende.
-Por supuesto que me pasaré -respondo poniendo los manos en las caderas- para ver como vuestros culos se arrastran por el suelo, cabrones.


1 comentario:

  1. Y me da que Marlensita acaba de enamorarse.

    Madre de dios.
    Como escribes aksañldkjeaijtb
    No.
    Puedo.
    Con mis feels.

    De verdad, me he leído la entrada 3 veces.
    Voy a recomendarte una cosa, y a ver que te parece.
    Sube algun capitulo más.
    A ver que ta sigue.

    Y, CUANDO TENGAS SEGUIDORES Y PONGAS EL MALDITO BOTON :-)Ç
    Veremos que tal reaccionan a esto.

    Ahora el consejo.
    Si lo hacen bien, deja la historia.
    Guardatela para ti.
    Y piensa en escribir un libro.

    Bc, esto vale (mas que mucho), para un libro.
    Que la suerte este siempre de tu parte.

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